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Con Ray Loriga (presentación)

la foto

Ray Loriga e Ignacio Echevarría.
Librería La Central. Barcelona

 

En la presentación del último de Ray Loriga (Zaza, emperador de Ibiza):

Ante su debut: “Tuve el instinto de presentarme no sólo con mis lecturas, sino también con alguna de mis intenciones.”

Desde el libro: “El infierno, al fin y al cabo, no es más que el eterno segundo que uno pasa en el lugar que uno no cree que le corresponde. Y en ese lugar vivimos todos.”

La pregunta no preguntada: si escribiría muy diferente de haber leído, pongamos, la mitad de lo leído.

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Por qué la inmunoterapia contra el cáncer es el avance científico del año

Primera colaboración con la agencia SINC

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El papel del sistema inmunitario ante los tumores se conoce desde 1890, cuando se descubrió por azar, pero ha tardado más de un siglo en hacerse relevante. La revista Science ha escogido la inmunoterapia oncológica como el hito más importante de 2013. Es un cambio de estrategia: no se ataca directamente al cáncer, sino que se libera al ejército inmunitario para que luche con toda su artillería. El alcance de estas técnicas de autodefensa se conocerá en los próximos años. 

 

*

En 1890, William Coley, un cirujano del Hospital de Cáncer de Nueva York, ahora llamado Memorial Sloan Kettering, recibió la visita de una paciente de 17 años llamada Elizabeth Dashiell. Llevaba días con una mano hinchada y dolorida después de que se le hubiera quedado atrapada entre dos asientos de un tren.

Tras varias pruebas sin resultados concluyentes, una biopsia determinó que los síntomas nada tenían que ver con el accidente: la chica había desarrollado un sarcoma –un tipo de tumor agresivo–, y ni siquiera la amputación de parte del brazo consiguió evitar su muerte unos meses después. Obsesionado con el caso, Coley revisó la literatura médica en busca de algún procedimiento más eficaz. Lo que encontró se considera ahora como el punto de partida de la inmunoterapia.

Años antes, otro sarcoma de un paciente diagnosticado como incurable disminuyó hasta desaparecer tras haber sufrido una infección por una bacteria del género Streptococo. Coley pensó que su sistema inmunitario había reaccionado no solo contra la infección, sino también contra el cáncer y, para probarlo, infectó a uno de sus propios pacientes con el mismo tipo de bacteria. En pocas semanas este se recuperó.

Entusiasmado, Coley infectó durante los años siguientes a numerosos enfermos más, probando diferentes combinaciones. Aunque siguió cosechando éxitos, el procedimiento solo funcionaba a veces y no se sabía de qué dependía su éxito o su fracaso. Además, no parecía tan eficaz en otros tumores. La radioterapia y la quimioterapia, mucho más dóciles y susceptibles a un protocolo preestablecido, se impusieron como las armas a utilizar contra el cáncer.

Pero su idea nunca se abandonó por completo. En las últimas décadas se han probado diferentes formas de atacar el cáncer a través del sistema inmunitario: con anticuerpos específicos, citoquinas –moléculas liberadas durante la reacción de defensa– o vacunas terapéuticas contra el tumor. Sin embargo, salvo en el caso de determinados anticuerpos, se han logrado escasos resultados relevantes y solo existe una vacuna aprobada, con eficacia limitada, contra el cáncer de próstata.

Esto ha sido así hasta el año 2013, cuando los resultados de varios ensayos clínicos con un nuevo tipo de fármacos han devuelto a la inmunoterapia al escaparate, tanto que la revista estadounidense Science la ha escogido como el avance científico del año.

El mayor hito de la ciencia en 2013

“¿Nos arriesgamos escogiendo y promocionando unos trabajos cuyo impacto final todavía se desconoce? ¿Fuimos irresponsables al catalogar como gran avance una estrategia que únicamente se ha probado en unos pocos pacientes y que solo ha ayudado a algunos de ellos?”. Esta es la duda expuesta en el editorial que Science dedica a la inmunoterapia contra el cáncer. Y seguramente fue ese interrogante lo que hizo que su competencia, la publicación británica Nature, no la incluyera en su lista, aunque sí le dedicó un extenso monográfico en compensación.

“En última instancia, nuestra conclusión es que la inmunoterapia contra el cáncer aprueba el examen –afirman en Science–. Y lo hace porque este año diversos ensayos clínicos han consolidado su potencial y persuadido incluso a los escépticos”.

Los editores de la prestigiosa revista se refieren a los ensayos con los llamados ‘inhibidores de puntos de control inmunitarios’. Estos fármacos sacan al tumor del escondite donde consigue refugiarse del sistema de defensa.

Los puntos de control permiten al organismo proteger a sus propias células de reacciones autoinmunes o incluso preservar los tejidos sanos cuando el sistema responde activamente contra una infección. Aunque existen numerosas moléculas y vías implicadas, dos son hasta la fecha las más estudiadas, y en ellas se basan los ensayos clínicos comentados. Una es CTLA-4, un receptor que se puede expresar en la superficie de los linfocitos T en el momento de su activación y cuya misión es inhibir su función. Otro es el sistema formado por PD-1 -también en la superficie de los linfocitos- y PD-L1, que se suele expresar transitoriamente en las células sanas cercanas a una inflamación, como forma de protección. La unión de ambos inhibe la acción de los linfocitos T, de ahí que al tumor le sea útil enseñar PD-L1.

Terapia inmune

El papel del sistema inmunitario frente a los tumores “ha sido un tema de mucha controversia durante los últimos 50 años, pero ahora está probado que tiene un papel de inmunovigilancia”, explica a Sinc Antoni Ribas, oncólogo de la Universidad de California en Los Ángeles y responsable de una de las últimas investigaciones que han relanzado la inmunoterapia.

No solo se ha probado que es más fácil provocar cáncer en ratones inmunodeficientes, sino que pacientes con inmunodepresión crónica –como los sometidos a tratamientos tras un trasplante de órgano– “tienen una incidencia más alta de cánceres inducidos por infecciones virales [como el virus del papiloma humano para el cáncer de cuello de útero] y agentes carcinógenos [como el tabaco para el de pulmón]”, dice el especialista.

En junio de 2013, durante la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO) celebrada en Chicago, Ribas y otro colega de profesión dieron a conocer dos trabajos que fueron inmediatamente publicados en la revista New England Journal of Medicine, la más importante a nivel clínico. Ambos son ensayos en fase 1, pequeños estudios iniciales que usan diferentes dosis para comprobar la seguridad de un fármaco, no para establecer su verdadera eficacia. Los dos se hicieron en pacientes con melanoma avanzado resistente a los tratamientos y con escasa esperanza de vida.

El estudio liderado por Ribas incluyó 135 pacientes que fueron tratados con lambrolizumab, un anticuerpo dirigido contra PD-1. Esta molécula es un talón de Aquiles de las defensas que nos protegen del cáncer, los linfocitos T, encargados de destruir a las células tumorales. Cuando la PD-1 de los linfocitos se une a su complementaria PD-L1, situada en la superficie de la célula cancerosa, se produce una cascada de reacciones que terminan inhabilitando a los linfocitos para ejercer su cometido. Las defensas se quedan ciegas ante el tumor, que se esconde así de su constante vigilancia.

Ahí es donde entra en acción el lambrolizumab. La misión del anticuerpo es impedir la unión nefasta, lo que permite a las defensas soltar su freno de seguridad, volver a reconocer al tumor como extraño y atacarlo. Es un cambio de paradigma. No se ataca directamente al cáncer, sino que se libera al ejército inmunitario para que luche con toda su artillería.

En total, un 38% de los pacientes así tratados respondieron significativamente al tratamiento, número que se elevó al 52% entre los que recibieron las dosis más altas. Y, aunque todavía no ha transcurrido suficiente tiempo para sacar conclusiones, Ribas explica a Sinc que, a la vista de los resultados, “se puede inducir una respuesta inmunitaria duradera, aunque seguramente haya que administrar un tratamiento a largo plazo para conseguirlo”.

Este efecto duradero es clave. Gran parte de la medicina personalizada se basa en terapias dirigidas que bloquean un aspecto particular de cada tumor, pero en muchos casos este se reproduce porque se adapta al tratamiento. De alguna manera, este tipo de inmunoterapia, que recluta un ejército mucho más versátil, capaz de reconocer numerosos enemigos, permite generar células con memoria, reeducadas para atacar al tumor.

El otro estudio fue liderado por Jedd Wolchok, del hospital Memorial Sloan Kettering en Nueva York –¿recuerdan a Coley?–. En este caso se trataron 53 pacientes con dos anticuerpos diferentes: el nivolumab, contra PD-1; y el ipilimumab, contra CTLA-4, otra molécula implicada en la inhibición del sistema inmunitario y cuyo uso para melanoma está aprobado desde 2011.

Los resultados fueron muy similares a los del trabajo anterior: un 40% de pacientes respondió al tratamiento, porcentaje que aumentó hasta el 53% cuando se empleaba la combinación de dosis que resultó ser más eficaz. Sin embargo, los efectos secundarios fueron notablemente mayores como consecuencia de reacciones autoinmunes. El sistema inmunitario ‘liberado’ atacaba tejidos del propio paciente.

PD-L1

Estos dos estudios son el espaldarazo en que se basa Science para justificar su elección. Pero la verdadera sorpresa tuvo lugar un año antes. Al fin y al cabo, el melanoma es un tipo de tumor muy particular. Si este tipo de inmunoterapia solo fuera eficaz para este cáncer de piel el avance sería importante, pero no revolucionario.

Ocurre, sin embargo, que otros dos ensayos de fase 1 publicados en 2012 usaron anticuerpos contra PD-1 o PD-L1 en pacientes con otros tipos de tumores avanzados. No se observaron mejoras en el caso de estómago o mama, por ejemplo, pero sí hubo un pequeño número de pacientes con cáncer de riñón y de pulmón que respondieron a la terapia.

Aunque preliminares, estos resultados suponen una auténtica piedra de toque y alientan el potencial de estos anticuerpos sobre un amplio abanico de tumores.

De hecho, para Ribas “solo el tiempo nos dirá qué tumores se muestran resistentes, pero ya sabemos que algunos como el de próstata o mama, donde hay menos mutaciones que en cánceres inducidos por carcinógenos, estos nuevos fármacos no funcionan como un agente único”, es decir, por sí solos, sin combinar con otras terapias. Más ambicioso se muestra al respecto Wolchok, para quien, en principio, “ningún tipo de tumor debería ser excluido de antemano”.

Un futuro brillante pero todavía incierto

Para José Baselga, director clínico del Memorial Sloan Kettering, y que no ha participado directamente en estos estudios, “se trata probablemente del mayor avance en los últimos años. Si a este tipo de tratamientos le añadimos la terapia celular con linfocitos T mediante receptores quiméricos [otro tipo de inmunoterapia aún en fases más iniciales, pero especialmente prometedora en tumores de la sangre, como leucemias y linfomas] esto cambiará la manera en que tratamos el cáncer y aumentará la supervivencia”.

Eso sí, “la evidencia hasta la fecha es solo en melanoma y en cánceres de pulmón y riñón. Para el resto de tumores, aunque hay estudios en marcha, es todavía muy temprano”, insiste a Sinc.

En la actualidad solo hay un fármaco aprobado (ipilimumab) y únicamente para su uso en melanoma. Pasará un tiempo hasta saber si llegarán al mercado nuevos tratamientos y para qué tipo de tumores. No solo eso: es preciso determinar con exactitud los posibles efectos secundarios, así como identificar marcadores para predecir qué pacientes se beneficiarán y quiénes no.

Uno de los marcadores candidatos es el propio PD-L1, pero, como explica Wolchok a Sinc, “su expresión es dinámica y puede variar con el tiempo”. De hecho, “todavía no se ha identificado ningún marcador que permita saber si un paciente se va a beneficiar o no”, añade.

Además, este tipo de inmunoterapia podría administrarse conjuntamente con las ya existentes o con otras en fase de estudio, incluida quimioterapia, radioterapia, terapias dirigidas o incluso vacunas, lo cual exigirá numerosos estudios adicionales.

Otro asunto será el de los costes, ya que “seguramente serán fármacos caros”, opina Ribas. Aunque también añade que, desde una perspectiva más amplia, “puede que salgan baratos, porque tratar de forma efectiva un cáncer metastásico y evitar los mayores gastos que supone un tratamiento en las fases terminales en una proporción significativa de pacientes será un ahorro”.

El editorial de Science acaba, como este artículo, así: “Incluso en el resbaladizo estado en que la oncología se encuentra, es bastante cierto que un libro se ha cerrado y otro nuevo se ha abierto. Cómo terminará nadie lo sabe”.

Subrayados – Técnicas de Iluminación, Eloy Tizón

La teoría de los subrayados se encuentra, como siempre, aquí. TecnicasIluminacion-187x300

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Antes de la práctica, escrito al margen:

(Qué tremendamente libre es -o parece ser- Eloy Tizón)

(Queda la forma, un molde de gominolas no necesariamente dulces)

(Enumeraciones donde el elemento disonante no siempre va en último lugar)

(La adjetivación: “concentración meningítica”, “nostalgia lumbar”)

(Una no-trama que me acerca -como al escritor sin imaginación-, que es parcialmente sentimental pero se aleja, que no es cotidiana. Una prosa algo marciana)

(Una escritura necesaria en la que, sin embargo, uno no pensaría como elección para una isla desierta)

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La práctica:

* Un gran hombre, mi tío. Aquel que cena caracoles no merece estar solo.

* La nieve es la esquina sucia de las palabras, ese resto que queda después de haber triturado todos los nombres propios: un poco de arena fría.

* Lo mismo puede estudiar trigonometría que interesarse por un ancla. Mirar es también una forma de rezar.

* La calle se bifurcó, se contrajo, se dislocó un codo. Las casas nos miraron con aire de superioridad.

* A veces en los bosques hay precipicios, eso lo sabe cualquiera que sepa leer. Todo tendía al desequilibrio y al esguince, al apagamiento y la precariedad.

* Algo desagradable y al mismo tiempo liberador. Una cosa entre trágica e insignificante, como la autopsia de un gato.

* Dormitando en las toallas o leyendo un libro de poemas, lo cual no sirve para nada pero te deja el pelo más suave.

* Perderse no es tan fácil. Requiere superar grandes obstáculos, huir de los lugares comunes, de los hábitos que nos cercan, esquivar escrupulosamente las caras conocidas de amistades y familiares para las que significamos algo y tenemos un pasado que nos narra. Sobre todo eso, las caras. (…) Elegir, entre dos calles, la peor, la más húmeda, la que tiene el suelo borracho y un aire de cremallera abierta.

* A poco que uno observe algo con cierta demora, ese algo se convierte de inmediato en una coreografía.

* He conseguido lo que quería pero es un triunfo mezquino, a mi costa, que sabe a cotización bursátil.

* Aprendiendo a tolerarse como la distancia entre las orejas y la nariz en el rostro de un recluso.

* Se sienta junto a mí sin hablar, no hablamos, mejor así, porque el diálogo acolcha y prefiero que nada mitigue la violencia de esta mañana única.

* Porque escribir, pensaba yo, es estar más despierto de lo normal. Un espasmo de lucidez recorre todo, nos sacude el sistema nervioso con una sobrecarga de vitalidad, de plenitud, de audacia, de algún modo hay que canalizar toda esa energía dispersa y un tanto alucinógena que desborda la conciencia. De la euforia molecular hasta el folio. Entran ganas de cantar, de bailar, de recibir una bofetada o un electroshock. En lugar de eso, volcamos toda esa actividad frenética hacia dentro y nos contentamos con enfilar, con gran aplomo, un signo negro tras otro. (…) Que escribir es, en sí mismo (tiene que serlo), lo contrario del hogar: un lugar inhóspito, manicomial, un sótano con poca luz y humedad excesiva. Desde entonces dejé de buscar, me conformé con lo que tenía, me relajé. Asumí que escribir no es ese espacio apropiado para instalarse en él durante largas temporadas, sino solo para hacer visitas breves, entrar y salir, y el resto del tiempo pasarlo fuera y a ser posible lejos, cuanto más lejos mejor. Y en esto -pero solo en esto- se parece un poco a la felicidad.

* Yo hago las maletas igual que tú escribes tus libros.

* Todos somos viudos de nuestra propia sombra. Sin embargo, en el instante de morir, con nuestro último aliento, todos comprenderemos que sin sospecharlo nuestros pies han bordado un tapiz.

* Volar no tiene esquinas. El interior del aparato es un saloncito con pocos ángulos rectos. Nada de recovecos. Todo se curva, se dobla, se feminiza, porque los ingenieros aeronáuticos han decidido que en las alturas es preferible que el alma humana se abarquille y desenfoque. Las azafatas nos dan la razón en todo.

* Aquello no quería decir nada. Eran palabras de mantequilla, que distraían el hambre pero alimentaban poco.

* Qué raro, yo siempre me había imaginado la verdad en forma de gorda disparatada, riéndose escandalosamente de algún chiste obsceno. (…) Ahora que la tenía delante, resultaba que la verdad se parecía más bien a un pequeño animal huidizo y sigiloso, de retraída presencia  e inquisitivos ojos de aceite. Y tampoco sabía qué hacer con él, con ella. Con él.

* Ah la vida, la vida sin adjetivos, introduciéndose por todos los orificios del cuerpo, tanto si te gusta como si no.

* La luz enloqueció de golpe, se puso ronca e idiota, se convirtió en una luz bipolar.

* Comenzaron a crecer champiñones en la guantera.

* Y todos nosotros fuimos un poco listos y un poco tontos, un poco guapos y un poco feos, un poco rápidos y un poco lentos.

* A la cosa fija que uno piensa sin pensar en otras cosas le nacen como manchas o rayitas o sarpullidos y le brotan tentáculos de patata y entonces todo se enmaraña y ramifica y así no hay quien piense en eso, porque es contraproducente. Pensar, lo que se dice pensar, solo puede uno pensar a saltos, de refilón, distraídamente, al acaso.

* Eso acabó. Ya no hay guías. Los diccionarios lo cubren todo, excepto la verdad. Los manuales de instrucciones traen páginas y más páginas en blanco. Las señales de tráfico ocultan información secreta. Los mapas nunca están actualizados; son perfectos a su manera, hasta que aparece el paisaje real y los tergiversa.

* Has perdido la costumbre de hablar con ella, de dirigirte a su boca, las palabras te salen tropezadas.

* Yo era joven, temerosa, nostálgica del tiempo ido. Aún tenía mucho pasado por delante.

* Almeyda  es científico racionalista, pragmático, a sus ojos el arte y la literatura eran extravíos propios de débiles mentales. Comparado con la neurobiología, todo es juego inofensivo y carreras de sacos.

* Hablar es un acto de desesperación.

* Y dentro de mi vientre estaba Suiza.

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Técnicas de Iluminación. Eloy Tizón. Ed. Páginas de Espuma.

Sobre Elvira Lindo y el exilio (de los científicos)

Tiene tantas aristas que no se sabe muy bien por dónde comenzar. El 3 de noviembre, Elvira Lindo publicaba un artículo en El País titulado “Los españoles y el arraigo” cuya idea central está en este párrafo rescatado:

“Muchos leímos la carta de una científica que se veía en la obligación de marcharse a EE UU porque en España carecía ya de cualquier oportunidad laboral. Yo quise entender su protesta como una llamada de auxilio para la situación moribunda de la investigación en nuestro país, porque realmente no consigo definir como un drama personal el irse con un contrato a un laboratorio de investigación puntera en otro país.”

La alusión a la “llamada de auxilio” me hizo situarme cerca de ella, casi a su lado. La escritora no pretendía provocar por provocar, había una reflexión detrás. Inmediatamente me acordé de cuando me quejé del recorte generalizado en los sueldos a los científicos. Esa vez mencioné la poesía aquella, falsamente atribuida a Bertold Brecht, en la que se dice:

“Vinieron a por los judíos, pero yo no hablé por que no era judío.”

Entonces me contestaron: “cuidado, compañero. El científico puede emigrar. Millones de personas no tienen siquiera esa posibilidad”.

Y yo tuve que asentir. En realidad lo que pretendía decir era que solo había comenzado realmente a protestar cuando sentí que venían a por mí, pero eso no era lo importante ya. Lo importante era la reflexión: hay muchísima gente peor. Y era cierto.

Pero Elvira Lindo dice más cosas, dice:

“España provoca a su vez un sentimiento de arraigo casi enfermizo. Si a un estadounidense se le mostrara el vídeo que hace unos días se reprodujo cientos de miles de veces en Internet (hasta lo emitió TVE) en el que se veía cómo unos jóvenes españoles que trabajaban en el extranjero volvían por sorpresa a la casa materna y se abrazaban a sus progenitores en medio de llantos y gritos en un tono de anuncio navideño de Nescafé, si un estadounidense lo viera, digo, no podría entender en dónde residía el drama.”

Y sí, en España hay un rechazo generalizado a la movilidad. Pero ahora estoy en Estados Unidos. Aquí se desplazan mucho más, casi constantemente. Sin embargo, ¿cuántos científicos estadounidenses hay trabajando en Europa? Les respondo: son casi inexistentes. Habría, pues, que distinguir entre movilidad interior y exterior. Lo cual, en ocasiones, entraña diferencias tan cuantitativas que llegan a hacerse cualitativas. Y luego está el otro tema: ¿el desplazamiento es por necesidad o por oportunidad? Esa diferencia es, también, en cierto modo crucial si lo queremos comparar.

Noto que me voy alejando un poco de Elvira Lindo, y esa distancia se hace mayor cuando poco después añade:

“Sobre este asunto he pensado obsesivamente estos días pasados en los que me entregué con avidez lectora a la novela Canadá, de Richard Ford. (…) La novela conforma la épica de la narración americana: el joven que ha de huir del sistema; el joven que ha de hacerse un hombre en la más pura soledad, construyéndose una personalidad sin tener referencias paternas, enfrentado a una naturaleza salvaje. (…) El desarraigo produce seres humanos rocosos, sufridos, individualistas por necesidad. (…) Esas existencias tan agrestes (…) son más proclives a conformar una épica poderosa, casi de categoría homérica. Alguna ventaja había de tener el crecer lejos del abrazo materno.”

Y no, lo siento pero no. La página escrita no siempre es vida bien vivida. La literatura es necesaria, pero la literaturización excesiva es peligrosa. Y la evidencia es la última frase: Elvira Lindo toma conciencia del inconveniente del desarraigo. Percibe el drama que no percibía al comienzo, pero ahora lo trastoca en épica homérica para poder salvarlo, para rescatarlo. En el camino hasta el último párrafo olvida familias separadas a saber en qué condiciones separadas, hijos, hipotecas firmadas, contratos o empleos que no son ni mucho menos en lugares punteros.

Quizás no es el análisis más completo, pero esto es lo que me decía una amiga médico, ahora mismo trabajando en Londres: “Ya, bueno, el problema no es irse, ni es el desarraigo que puedes sortear con Skype o con amigos, ni siquiera es la diferencia cultural que a veces es hasta divertida. Lo peor es la sensación de que te vas porque te echan, porque cuatro (insultos) han decidido llenarse los bolsillos a costa de los demás.”

No siempre es bueno lo menos malo.

Hay más aristas. No hay más espacio.

*

Artículo publicado previamente en la web Dixit Ciencia y en el diario digital 50×7.com 

Cuadros blancos en el MoMA (Nueva York VI)

(Texto tomado literalmente del perfil en Facebook)

foto MoMA

Robert Ryman. Twin, 1966. Oil on cotton

No creo ser (el principal) sospechoso. Si tengo que escoger un tipo de arte, escojo el arte moderno. Pero una parte de la visita al MoMA la he pasado leyendo posibles explicaciones de cuadros monocromos:  blancos en su mayoría -como en la fotografía-, grises, rojos en ocasiones. Realmente estaba convencido de hallarme en el lugar apropiado para conseguir entenderlo (de una vez). La explicación general es que “los autores estaban interesados en expandir el campo de la pintura más allá de la superficie del lienzo para incluir el espacio que lo rodea.” La que prefiero es la que se refiere a Frank Stella, que “aplicaba pintura comercial con una brocha para llevar la atención a las ligeras e inevitables irregularidades (del lienzo)”.

Eso es lo que yo llamaría suicidio por “sincericidio”.

O también que lo que merece es la peor forma de conclusión, un lacónico: “pues vale”.

(sí, conozco la obra de Yasmina Reza)

Democracia, transparencia y ciencia abierta

Ya lo decía Churchill, que “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos”. Sus palabras exactas fueron otras, pero el fondo es el mismo.

Otra de las cosas que se dicen —aunque desconozco si éstas tienen autor acuñado— son que sin ciencia no hay futuro, que la ciencia nos hace más libres y, sobre todo, que la ciencia es necesaria para la democracia. Aunque todas ellas sean en gran parte ciertas, corren el riesgo de quedarse en lemas vacíos, hoquedades repetidas con entusiasmo creciente. Esta es una pequeña historia de cómo la ciencia y el pensamiento desde ella pueden ser un arma o escudo de doble filo, de cómo su correcto uso puede ayudar a revisar y mejorar aquello que ya tenemos.

El sistema de publicación en la ciencia es el de revisión por pares, o peer review. Consiste en que un grupo de investigación envía un artículo a una revista y ésta selecciona dos o tres expertos en ese campo para que valoren la información recibida, consideren si el trabajo es relevante, si está bien hecho y es fiable, propongan mejoras: para que acepten o rechacen su publicación. Como la democracia, el sistema no es perfecto, tiene un sinfín de debilidades, pero es el menos malo de los que se conocen.

Una de esas teóricas debilidades viene de la que podría ser una de sus fortalezas. La mayor parte de las revistas se mantienen gracias a suscripciones, por lo que sólo pueden leer su contenido aquellos que pagan las cuotas. Pero en los últimos años ha crecido con fuerza el movimiento llamado open access, o de acceso abierto. En este modelo son los investigadores quienes pagan por publicar un artículo, y a cambio éste puede leerse de forma gratuita y universal. Lo que a todas luces parece una ventaja —la universalidad de la información, la horizontalidad del contenido— tiene también sus sombras: las revistas pueden estar ávidas de publicar sólo por el hecho de cobrar, independientemente de la calidad de lo publicado. Y aquí comienza la historia.

John Bohannon quiso comprobar la calidad de las revistas de acceso abierto. Para ello se inventó —literalmente— un artículo científico. Le dio muchas vueltas para que tuviera consistencia, cierta relevancia. Pero introdujo errores imperdonables dentro del mundo científico, errores que deberían hacer a las revistas declinar su publicación. Básicamente “noveló” cómo una sustancia extraída de un liquen tenía propiedades anticancerígenas. Pero se inventó los nombres de los autores, puso errores en las comparaciones, no incluyó protocolos éticos y, en fin, repartió numerosas incoherencias a lo largo de todo el texto. Lo envió a 304 publicaciones de acceso abierto. Le contestaron 255. Nadie debería haberlo publicado, pero ¡lo aceptaron 157! Con esos datos preparó la información, incluyendo mapas con la ubicación de las revistas y sus cuentas bancarias, así como los correos intercambiados. Y todo esto ha sido publicado en Science, una de las “revistas de las revistas”. El fin de la ciencia abierta, la universalidad, la horizontalización.

¿O quizás no?

El artículo en Science carece de algunos de los requisitos que las otras revistas deberían haber pedido a Bohannon. La información es útil, no cabe duda, y en cierto modo escandalosa. El sistema dista de la perfección, pero si aplicamos un pensamiento más o menos científico: 1) Gran parte de esas revistas son irrelevantes en la escena científica. Algunas que no lo son, como Plos One, rechazaron tajantemente el artículo. 2) Al parecer la selección se hizo entre un grupo en el que había más posibilidades de encontrar irregularidades, y sobre todo 3) ¡No había grupo control! Es decir, no sabemos si también habría habido fraude en las revistas de pago ni si éste habría sido menor. (Y curiosamente se publicó en una revista de este tipo, claramente opuesta al sistema abierto).

Volviendo a la democracia. Una de las propuestas para mejorarla es aumentar la transparencia. Como con la ciencia, buscar una democracia más abierta. Los que se oponen esgrimen peligros potenciales. Bohannon seguro que destaparía algunos. Pero, simplificando, un pensamiento más o menos científico nos llevaría a pensar que lo de Bohannon equivale a que el presidente del gobierno denuncie irregularidades en las cuentas de los demás partidos sin exponer las suyas. Y a desterrar de un plumazo a la oposición.

Es decir. El menos malo, pero mejorable y revisable. No perdamos de vista a la ciencia para revisarlo.

*

Artículo publicado en la web de Dixit Ciencia, en La Ciencia Hacker y en el diario digital 50×7.com 

Nueva (New) York (V): Diccionario de Nueva York (citados, 1ª parte)

* Para el novelista Eduardo Mendoza, que en la década que vivió aquí atesoró todo lo que necesitaba para redescubrir Barcelona y verterla como ciudad de los prodigios, “Nueva York es un escenario, un musical ya escrito y con el telón levantado: desde que uno sale a la calle, ya es un neoyorkino. Ha de representar su papel, mejor o peor, principal o secundario. Pero no le queda más remedio que actuar.” (BROADWAY)

* “La frase de Schiller ´la vida es sin embargo bella´, que siempre fue papiermaché, se ha convertido en mera idiotez desde que es pregonada en complicidad con la propaganda omnipresente” (…). Dado que la gente tiene cada vez menos inhibiciones, o no demasiadas, sin estar por ello ni una pizca más sanas, (…) la exhortación a la happiness, en la que coinciden el científico entusiasta que es el director del sanatorio y el nervioso jefe publicitario de la industria del placer, tiene todos los rasgos del padre temible que brama contra los hijos por no bajar jubilosos las escaleras cuando, malhumorado, vuelve del trabajo a casa. (CIUDAD DEL DESEO)

* En una entrevista, confiesa el escritor Ray Loriga recién regresado a España después de cinco años afincado en Manhattan: “Nueva York está llena de gente que vivía en otro sitio pensando que había un lugar mejor: el que estaba en Iowa y quería cambiarse el sexo, ser artista o dejar a su mujer soñaba que Nueva York era ese lugar. Es el Coney Island de la mente del que habla Ferlinghetti, una especie de parque de atracciones que llevamos en la cabeza. Pasa en todas las metrópolis. La gente que viene a Madrid a ser algo también viene con una idea preconcebida. Luego estalla el conflicto entre esta idea previa y la realidad. El circuito cerrado de Nueva York se nutre de todas esas expectativas y, sobre todo, de todas esas decepciones.” (CONEY ISLAND)

*El Guardián entre el Centeno: “Pero lo que más me gustaba de aquel museo era que todo estaba siempre en el mismo sitio. No cambiaba nada. Podías ir cien mil veces distintas y el esquimal seguía allí pescando, y los pájaros seguían volando hacia el sur, y los ciervos seguían bebiendo en las charcas con esas patas tan finas y tan bonitas que tenían, y la india del pecho al aire seguía tejiendo su manta. Nada cambiaba. Lo único que cambiaba era uno mismo. No es que fueras mucho mayor. No era exactamente eso. Sólo que eras diferente. Eso es todo. Llevabas un abrigo distinto, o tu compañera tenía escarlatina, o la señorita Aigletinger no había podido venir y nos llevaba una sustituta, o aquella mañana habías oído a tus padres pelearse en el baño, o acababas de pasar en la calle junto a uno de esos charcos llenos del arco iris de la gasolina. Vamos, que siempre pasaba algo que te hacía diferente. No puedo explicar muy bien lo que quiero decir. Y aunque pudiera, creo que no querría.” (DIORAMAS)

* El miedo está aquí, presente, casi todo el tiempo. A equivocarte. A no dar la noticia a tiempo. A no acertar con el enfoque adecuado, con lo que se espera de ti. (FIN DEL MUNDO)

* Se trata de una leyenda británica: los habitantes de la ciudad inglesa de Gotham, sabiendo que llegaba el Rey, se hicieron los locos para no pagar el coste de la visita como era obligación. Después Washington Irving, el cuentista, lo aplicó a Nueva York porque estimó que era el nombre apropiado para una ciudad que creía habitada por locos, pero que quizá fueran sabios. Lástima, se acabó el misterio y se rompió el romanticismo. Al viajero, al corresponsal, le toca partir, aunque pensando que algún día habrá de regresar para descubrir por qué en una ciudad plana se habla de alto y bajo o por qué las alcantarillas de Nueva York echan humo.  (GOTHAM)

(No creo que rompa el hechizo, sino que lo amplía. También sé por qué las alcantarillas echan humo. Ahí sí, ahí si le quita misterio.)

* Vila Matas: “Sentí deseos de convertirme allí mismo en el título de una novela de Elizabeth Smart, En Gran Central Station me senté y lloré.” (GRAND CENTRAL STATION)

(Ajá)

* Muchos de los soldadores y albañiles que construyen los armazones de acero de los rascacielos de Nueva York son indios mohawk. Al menos doce trabajaron en la construcción de las Torres Gemelas. Uno de los primeros que escribió sobre esta tribu y su falta de vértigo fue Joseph Mitchell. (INDIOS SIN VÉRTIGO)

* Siri Hustvedt: “Su primer día en Nueva York le dejó atónito por el color, el caos y las multitudes. En algún lugar de la ciudad se encontró con un hombre que vendía manzanas, las manzanas más lustrosas, rojas y perfectas que jamás había visto. Casi no tenía dinero, pero aquellas manzanas le seducían intensamente, y, dominado por el deseo, olvidó el derroche y se compró una. Según la historia, se la llevó a la boca, la mordió y escupió el bocado con repulsión. Era un tomate. El tío David jamás había visto tomates, ni tampoco había oído hablar de ellos. Mis hermanas y yo nos desternillábamos de risa con aquella historia. Encierra con tanta claridad la lección de las expectativas frente a la realidad que podría servir como parábola. El hecho de que los tomates sean buenos no viene al caso. Si piensas que vas a comerte una manzana, la presencia de un tomate te repugnará. Que Nueva York sea conocida como la Gran Manzana, que la manzana constituya el objeto del primer error humano y de su expulsión del Paraíso, y que Norteamérica y el Paraíso se hayan visto relacionados y confundidos entre sí desde la primera vez que los europeos pisaron sus costas son circunstancias que se unen para que la historia en cuestión reverbere como un mito.” (MANZANA)

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De Diccionario de Nueva York. Alfonso Armada. Ediciones Península.