Skip to content

Sobre Elvira Lindo y el exilio (de los científicos)

diciembre 14, 2013

Tiene tantas aristas que no se sabe muy bien por dónde comenzar. El 3 de noviembre, Elvira Lindo publicaba un artículo en El País titulado “Los españoles y el arraigo” cuya idea central está en este párrafo rescatado:

“Muchos leímos la carta de una científica que se veía en la obligación de marcharse a EE UU porque en España carecía ya de cualquier oportunidad laboral. Yo quise entender su protesta como una llamada de auxilio para la situación moribunda de la investigación en nuestro país, porque realmente no consigo definir como un drama personal el irse con un contrato a un laboratorio de investigación puntera en otro país.”

La alusión a la “llamada de auxilio” me hizo situarme cerca de ella, casi a su lado. La escritora no pretendía provocar por provocar, había una reflexión detrás. Inmediatamente me acordé de cuando me quejé del recorte generalizado en los sueldos a los científicos. Esa vez mencioné la poesía aquella, falsamente atribuida a Bertold Brecht, en la que se dice:

“Vinieron a por los judíos, pero yo no hablé por que no era judío.”

Entonces me contestaron: “cuidado, compañero. El científico puede emigrar. Millones de personas no tienen siquiera esa posibilidad”.

Y yo tuve que asentir. En realidad lo que pretendía decir era que solo había comenzado realmente a protestar cuando sentí que venían a por mí, pero eso no era lo importante ya. Lo importante era la reflexión: hay muchísima gente peor. Y era cierto.

Pero Elvira Lindo dice más cosas, dice:

“España provoca a su vez un sentimiento de arraigo casi enfermizo. Si a un estadounidense se le mostrara el vídeo que hace unos días se reprodujo cientos de miles de veces en Internet (hasta lo emitió TVE) en el que se veía cómo unos jóvenes españoles que trabajaban en el extranjero volvían por sorpresa a la casa materna y se abrazaban a sus progenitores en medio de llantos y gritos en un tono de anuncio navideño de Nescafé, si un estadounidense lo viera, digo, no podría entender en dónde residía el drama.”

Y sí, en España hay un rechazo generalizado a la movilidad. Pero ahora estoy en Estados Unidos. Aquí se desplazan mucho más, casi constantemente. Sin embargo, ¿cuántos científicos estadounidenses hay trabajando en Europa? Les respondo: son casi inexistentes. Habría, pues, que distinguir entre movilidad interior y exterior. Lo cual, en ocasiones, entraña diferencias tan cuantitativas que llegan a hacerse cualitativas. Y luego está el otro tema: ¿el desplazamiento es por necesidad o por oportunidad? Esa diferencia es, también, en cierto modo crucial si lo queremos comparar.

Noto que me voy alejando un poco de Elvira Lindo, y esa distancia se hace mayor cuando poco después añade:

“Sobre este asunto he pensado obsesivamente estos días pasados en los que me entregué con avidez lectora a la novela Canadá, de Richard Ford. (…) La novela conforma la épica de la narración americana: el joven que ha de huir del sistema; el joven que ha de hacerse un hombre en la más pura soledad, construyéndose una personalidad sin tener referencias paternas, enfrentado a una naturaleza salvaje. (…) El desarraigo produce seres humanos rocosos, sufridos, individualistas por necesidad. (…) Esas existencias tan agrestes (…) son más proclives a conformar una épica poderosa, casi de categoría homérica. Alguna ventaja había de tener el crecer lejos del abrazo materno.”

Y no, lo siento pero no. La página escrita no siempre es vida bien vivida. La literatura es necesaria, pero la literaturización excesiva es peligrosa. Y la evidencia es la última frase: Elvira Lindo toma conciencia del inconveniente del desarraigo. Percibe el drama que no percibía al comienzo, pero ahora lo trastoca en épica homérica para poder salvarlo, para rescatarlo. En el camino hasta el último párrafo olvida familias separadas a saber en qué condiciones separadas, hijos, hipotecas firmadas, contratos o empleos que no son ni mucho menos en lugares punteros.

Quizás no es el análisis más completo, pero esto es lo que me decía una amiga médico, ahora mismo trabajando en Londres: “Ya, bueno, el problema no es irse, ni es el desarraigo que puedes sortear con Skype o con amigos, ni siquiera es la diferencia cultural que a veces es hasta divertida. Lo peor es la sensación de que te vas porque te echan, porque cuatro (insultos) han decidido llenarse los bolsillos a costa de los demás.”

No siempre es bueno lo menos malo.

Hay más aristas. No hay más espacio.

*

Artículo publicado previamente en la web Dixit Ciencia y en el diario digital 50×7.com 

Anuncios

From → Miscelánea

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s