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Citados/ El ´suicidio como cáncer´y la invisibilidad, con Ricardo Menéndez Salmón

septiembre 16, 2012

(Extraído del apartado “Del suicidio como cáncer”, en la entrevista que Milo J. Krmpotic hizo a Ricardo Menéndez Salmón en el número 179 de la revista Qué Leer)

– ¿Qué buscaba transmitir con la invisibilidad que caracteriza al personaje?

Precisamente eso. El anhelo de desaparición, de invisibilidad, de anonimato. Si antes confesaba que la escritura me protege del desencanto del mundo, ahora añado que cada vez me atrae con mayor fuerza la idea de convertirme en una figura sin rostro. Con los años, la tentación de ser un Doctor Pasavento se agudiza. Tengo la convicción de que lo importante es la obra, de que el artista es absolutamente intrascendente, banal, contingente. Sé que decir esto en el marco de una revista como Qué Leer puede parecer una provocación o incluso una boutade, pero estoy convencido de que la invisibilidad del escritor es buena para su desempeño y fundamental para la propia literatura. Tarkovsky decía que el artista deber ser humilde. y por humildad entendía que su importancia fuera infinitamente menor que la de su obra. Basta mirar alrededor para comprobar que hoy, con demasiada frecuencia, sucede lo contrario. Monstruos como Amélie Nothomb, por ejemplo, convertida en una parodia de sí misma, o toda esa literatura redentora, en realidad casi fascista, que mantiene a millones de lectores en una minoría de edad permanente: los Coelho del mundo, para que nos entendamos.

Varios de sus protagonistas han ofrecido respuesta a aquello que Camus calificó como “el único problema filosófico verdaderamente serio”, el suicidio. ¿Acaban actuando contra sí mismos, hasta la muerte o no, por no haber sido capaces de rebelarse contra el mal y el horror que testimoniaron con anterioridad?

Pienso que el suicidio es casi siempre una afirmación desmesurada de vida. Algo así como el cáncer, que es un desorden celular nacido por exceso, una suerte de hipertrofia existencial. Mis personajes suicidas, al matarse, testimonian en realidad su apego a la vida, una vida que ha fracasado bien porque la enfermedad (como en el caso de Rothko) la hace despreciable, bien porque la muerte de los seres queridos (como en el caso de Prohaska) la hace superflua.

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