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Críticas/ El Topo

diciembre 26, 2011

El anti-Bond es el mejor Bond (y surgió del frío)

 

  • Ésta es una historia escrita por un ex espía inglés que se reapellidó como un francés, que debía comportarse como un nórdico y que ha sido dirigida por un sueco. Es decir, nada mejor sobre el papel para la niebla de una historia de espías; o lo que es lo mismo: una historia escrita por  David John Moore Cornwell, alias John Le Carré y vista por Thomas Alfredson.
  • Ésta es también la historia de lo que James Bond nunca fue y seguramente nunca quiso ser. Un James Bond sin armas, sin apenas acción y en el que las mujeres principales siempre están de espaldas. Seguramente el mejor James Bond.
  • El no-James Bond es aquí George Smiley, un imperturbablemente expresivo Gary Oldman, al que se le escapa pasado, presente y futuro en la ausencia de un pestañeo, en el no-descruzar de sus piernas cruzadas.
  • La historia es básicamente la búsqueda, por parte de un ya retirado Smiley, de un topo introducido por los espías rusos en la cúpula de la agencia inglesa. Un topo es ese animal casi ciego que abre túneles justo bajo la superficie de la tierra, que los une mediante canales, al que se le adivina la paciencia que da a veces la oscuridad. Ese animal del que sólo se tienen noticias por esas pequeñas huellas como montículos, al que generalmente sólo se descubre excavando a fondo la tierra, que puede exigir recomenzar la construcción de toda una catedral.
  • Smiley suele nadar con las gafas puestas, tan anti-Bond como anti-topo. Si hay algo de luz, hay que tratar de mirar.
  • De esto último no estoy tan seguro.
  • Tampoco sé si el cine debe ser sólo entretenimiento. Quizás aquí no quepan las obligaciones. Pero hay un agradecimiento por un suspense que no resulta vacío: algunas de las primeras imágenes de la película vienen de una cámara alojada en un ascensor para ficheros: a medida que asciende vemos cada uno de los pisos de la agencia inglesa: su atmósfera, los movimientos de sus gentes  (no es sólo el hilo lo que le interesa). Después oculta la trama, obliga al espectador. Juega con flashbacks no demasiado molestos, añade datos que se antojan definitivos pero resultarán irrelevantes; nos oculta el rostro del enemigo, las facciones de la mujer. En el cine se oirán continuos cuchicheos en los que la gente buscará asideros, puestas al día, confirmaciones, guías. Comentarios de quienes, temiendo estar perdidos, no sabrán que es ahí donde tienen que estar. Es una película para gentes y tardes pacientes. En el fondo quiere que nosotros seamos los topos: irrelevantes, pero también tanteando en la oscuridad.
  • No es sólo entretenimiento porque es densa, brumosa, porque demanda una cierta generosidad. Pero sobre todo porque, por encima o por debajo de la trama, nos llevamos un poco de sus gentes, un mucho de sus ambientes.
  • Es El Buen Pastor rodado por una mirada mucho más sueca que americana. Por quien justo antes dirigió la mejor película de vampiros sin que apenas se necesitaran vampiros. Pero es que, en el fondo, y como Smiley, el niño de Déjame entrar también escuchaba al otro lado de la pared. No sé si un topo, pero seguro que sí un espía.

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From → Miscelánea

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