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Sensaciones-vacías-Von-Trier (apuntes sobre Melancholia)

diciembre 5, 2011

–         Hay una pregunta que revolotea algunas cabezas: ¿tienen derecho los directores de cine a mostrar detalladamente la angustia? ¿A trasladar lo que la realidad ya se encarga a menudo de ofrecer?

melancholia

–         Melancholia es lo último de Lars Von Trier, Su protagonista, Kirsten Dunst, ganó el premio a mejor actriz en Cannes y la película acaba de ganar el mayor premio en el Festival de Cine Europeo. La crítica la quiere, por lo que parece. Al igual que El Árbol de la Vida, de T. Malick, Von Trier comienza con una secuencia musical interplanetaria estilo 2001, con la particularidad de que el fin de la secuencia es el impacto de un enorme planeta (llamado, ajá, Melancholia) contra la Tierra, a la que quema y despedaza. Después se suceden dos partes que podrían considerarse reversas, quizás complementarias: la boda de Justine (K. Dunst) en la primera, la espera de la colisión en casa de su hermana Clarie (C. Gainsbourg) en la segunda.

–             La boda es una trampa de inestabilidad. Los juegos y la sonrisa-Chesire de K. Dunst son el preludio, o la tapadera, de una espiral de intentos de adaptación, de una bipolaridad donde la calma es una bañera. El experimento, aunque no novedoso, es alentador. Pero fracasa. Genera sensaciones puras, pero obligando a una cierta esclavitud. Otorga ansiedad, oscuridad, intuyes la complejidad, pero no tiene luz; carece, en el amplio sentido del término, de “lucidez”. Quizás sin esas cotas, pero recordándolas, rescata a Rompiendo las Olas, a Bailar en la Oscuridad: acaba resultando un drama por el mero drama, que solo después intenta revestirse de un simbolismo general. Pero, como en las alegorías, todo acaba resultando lejano, maniqueo.

–           Una paradoja: el Dogma nació como una lucha contra el artificio, pero acaba resultando su vivo instrumento: desplaza los planos, se pone nervioso, desenfoca de forma absolutamente premeditada y artificial, busca movimientos que nada tienen que ver con los del cuerpo y la cámara. Lo que pretendía acercar la realidad, la desplaza.

–             La segunda parte es básicamente la espera del choque planetario, la duda y la adecuación. Si aceptamos la fábula (la información se obtiene a partir de un juguete infantil que permite saber si el planeta se acerca o aleja, no de la televisión, no de la Red), la trampa es la misma pero los resultados diferentes. La ansiedad se siente física (se piensa en bolsas de plástico, en pastillas), el cambio de roles entre hermanas es eficaz, la belleza del planeta y la espera está destinada a perdurar. Pero el fondo es similar: el cambio de roles refleja lo que Von Trier quiere hacer llegar: los melancólicos (él mismo como tal) poseen una mayor verdad, están por encima y más allá del ritual. Pero necesita una debacle, necesita un sin-sentido general para que el cambio sea eficaz. Le falta la complejidad para relatar un cambio verosímil en una situación real.

–          Como un artista visual que se te impone sin saber apenas narrar, que te acogota pero que carece de las aristas, sólo del rodillo, que vive de la sensación pura, de la IMpresión.

–          Su propuesta funciona en Dogville, pero porque allí la propia puesta en escena predispone al juego, a la teatralidad, a la su-rrealidad. Porque te invita a aceptar unas normas. Porque, como en las 5 condiciones, el límite oulípico le permite ampliarse.

–           Una respuesta a la primera pregunta: tienen derecho, por supuesto. A todo tienen derecho. Una pequeña exigencia: que enriquezcan la realidad, no que escojan una parte y simplemente eleven el volumen.

–             En la entrevista incluida en el dossier que entregan a la salida del cine: ¿Para el melancólico todo es hueco? “Estaría bien que hubiera algún valor más allá del ritual. El ritual es como una película. Tiene que haber algo en la película. La trama de la película es el ritual que nos lleva a lo que hay en el interior. Si hay algo dentro y más allá puedo entender el ritual. Pero si el ritual es hueco, si ya no es agradable hacerse regalos en Navidad, si no se disfruta con la alegría de los niños, entonces eso de poner un árbol en en el salón no tiene sentido.” Pero puede haber algo bonito hasta la indecencia, ¿no cree? “ Claro, mientras haya una idea detrás”.
Añado: mientras haya varias ideas detrás. Las aristas, no el rodillo.

–           En otra entrevista: “No sé si en realidad lo que he hecho es una mierda”
Antes de publicar “Cien años de soledad”, García Márquez dijo: “O he escrito una obra maestra o la mayor cursilada de la historia”.

–          Al salir del cine me dije: “Ni una oportunidad más, Lars”, para mí ya no tienes derecho. Luego pensé en las actrices. Dos días después escribo de sus imágenes. Empiezo a pensar si de alguna manera has ganado. Me siento en cierto modo asqueado, y débil.

–           Pienso que de haber próxima vez lo prefiero en un museo, no en un cine, con lo que eso implica. Y firmo tablas.

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From → Miscelánea

2 comentarios
  1. Te comentaba en twitter que no creo que el mensaje de Lars von Trier sea “eh, nosotros los melancólicos poseemos una verdad intangible y vosotros, los que vivís todavía en este mundo desencantado y decadente, no”. Por eso decía en relación con lo que ha comentado Antonio, que no veo esa especie de visión de poeta decimonónico. En todas sus películas pone a los personajes en situaciones límite para que se defiendan con uñas y dientes; para que hagan un acto de fe. Von Trier está muy obsesionado con Kierkegaard y, en este sentido, creo que le da mucha más importancia a temas en general como la muerte o los ya citados actos de fe, que en ir afirmando la superioridad moral de aquéllos que estén deprimidos como él. Es sólo mi opinión. Me ha gustado mucho tu artículo. Sobre lo que te he comentado de Lars von Trier y Kierkegaard hay más aquí: http://dylarama.es/pupilas/von-trier#more-2446
    Un saludo.

    • jesuslion permalink

      Gracias por el comentario.
      Yo sí creo que ponga en superioridad a los “melancólicos”, no sólo por cómo los trata ya desde la propia imagen, sino sobre todo cuando les otorga hasta un pensamiento mágico de “revelación”. Sin embargo eso no es lo que más me molesta. Es cierto que pone a los personajes en situaciones límite (unas más externas que otras, eso sí), pero luego son meros muñecos. No alcanzo a verles ningún tipo de complejidad o de “realidad”, aunque sólo sea verosímil. Acaban siendo meros símbolos de lo que él quiere que representen. Y aunque lo intento y a veces estoy a punto de hacerlo, nunca llego a identificarme. Con lo cual sólo queda la angustia por la angustia. Y aunque sea un acto de fe y acuda a temas generales creo que eso funciona en la crítica, pero no en la película. Creo que las alegorías, si ya eran limitadas cuando comenzaron, mucho más ahora… Y luego está la cámara. Casi nadie habla de la cámara. Por qué se mueve así la cámara. Nadie se mueve así con una cámara.
      Eso sí, y como decía al final del post, a pesar de todo ello, la película dura después del cine mucho más de lo que lo hacen la mayoría de las demás. En eso sí, punto para Lars. Y del debate que genera, esto solo es una prueba más…
      Desde ahora te sigo en tus “microcríticas”…
      Un saludo.

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