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Electricidad contra la ´tristeza´

septiembre 20, 2011

Ésta es la versión original del artículo “Electricidad contra la ´tristeza´”, publicado en la sección de ciencias del diario Público el 19/09/2011 y que ha sido colgado también en el blog de Dixit_ciencia.

ELECTRICIDAD CONTRA LA “TRISTEZA” 

Una de cada cinco personas sufrirá una depresión a lo largo de su vida. De éstas, una de cada cinco terminará no respondiendo a ningún tipo de tratamiento. Es lo que se conoce como  depresión mayor resistente.

Julia (nombre ficticio) tenía 54 años y llevaba más de una década luchando contra la depresión, en el mayor grado en que ésta pueda considerarse. Como relata la doctora Puigdemont, psiquiatra del hospital de Sant Pau, su estado apenas había mejorado en los últimos tiempos. Vivía con su padre, y ambos necesitaban un cuidador, – uno para cada uno -. Había probado con todos los tipos de antidepresivos disponibles, con psicoterapia e incluso con terapia electroconvulsiva (electroshock), pero los resultados no llegaban. Hasta que decidió someterse a un tipo de tratamiento experimental que en España está llevando a cabo el mencionado hospital de Sant Pau, en Barcelona. El tratamiento recibe el nombre de estimulación cerebral profunda (ECP), y consiste en la colocación de unos pequeños electrodos en zonas determinadas del cerebro, específicas para cada tipo de enfermedad que pretenda tratarse. Hoy, Julia no sólo no necesita un cuidador, sino que, en palabras de la propia doctora Dolors Puigdemont, coordinadora del proyecto, “ahora incluso es ella la que cuida de su padre”.

Que en lo más profundo somos electricidad es algo que se conoce desde hace mucho tiempo. Franklin, de hecho, observó ya que la electricidad estática podía provocar contracciones musculares, y desde los años 40 se generalizó el uso de la terapia electroconvulsiva para el tratamiento de múltiples enfermedades mentales (aún hoy se utiliza para el tratamiento de depresiones resistentes a fármacos, con éxito). La ECP es, por así decirlo, su forma fina y evolucionada, ya que permite liberar la descarga eléctrica en las zonas deseadas con una gran precisión. Pero, ¿en qué consiste exactamente? ¿Para qué se usa? ¿Por qué en Sant Pau?

Disposición de los electrodos y la batería

Técnica de estereotaxia

La ECP consiste en la colocación de un par de electrodos en la zona del cerebro que se quiere estimular. Para ello, y por la precisión que requiere, se usa una técnica conocida como estereotaxia: primero, al paciente se le practican una serie de pruebas de imagen cerebral, para conocer su estructura particular. Después, se fijan las coordenadas deseadas en un “casco” especial, que mantiene la cabeza inmóvil. A continuación se introducen los electrodos tras abrir un pequeño orificio en el cráneo. Durante todo este tiempo la persona está despierta (el cerebro no “duele”), y puede indicar si nota alguna sensación extraña. Una vez en la región deseada se duerme al paciente y se implantan los electrodos, que estarán conectados a una batería colocada bajo la piel del costado. La mayor parte de las personas a las que se le ha practicado son enfermos de Parkinson, por varias razones: una es que se conocen con bastante exactitud los circuitos cerebrales que están alterados. Otra es que medir la respuesta al tratamiento es bastante sencillo: basta con observar la mejora de sus movimientos. Hoy en día la ECP como tratamiento para el Parkinson está aprobada, y más de 70.000 enfermos han sido ya tratados. Pero, ¿cómo se llegó a la depresión?

Electricidad y depresión

Mientras trataban con ECP a los pacientes con Parkinson, los médicos se dieron cuenta de que algunos de ellos sufrían alteraciones inesperadas en el humor. Algo estaban provocando los electrodos que no tenía que ver con los temblores y que quizás podría emplearse para aliviar la “tristeza” extrema. En el año 2005, el grupo de la psiquiatra Helen Mayberg, en Toronto, publicó los primeros resultados de su uso contra la depresión resistente. Escogieron a 6

Hospital de Sant Pau, en Barcelona

pacientes e implantaron electrodos en la llamada área 25, una zona de comunicación entre la corteza prefrontal y el sistema límbico que se sabía que estaba alterada en pacientes depresivos. Los resultados fueron que 4 de ellos mejoraron sustancialmente. Cuando leyeron el artículo en el departamento de Psiquiatría del hospital de Sant Pau, el doctor Víctor Pérez y su grupo decidieron pedir financiación para poder realizar esta técnica. La consiguieron, y sus primeros resultados han sido aceptados para publicarse en la revista International Journal of Neuropsychoparmacology. Según la doctora Puigdemont, “de los 8 pacientes tratados, 5 alcanzaron la remisión completa al año de seguimiento, pero en realidad todos mejoraron, al menos parcialmente”. De hecho, la propia doctora comenta: “imagina lo que es estar tratando durante años a un paciente sin apenas observar ninguna mejoría. Y verle tras la operación ilusionado y pensando en nuevos proyectos”. Por su parte, el psiquiatra Eduard Vieta, director del Programa de Trastorno Bipolar en el Hospital Clínic de Barcelona y persona ajena al proyecto, valora positivamente los estudios realizados hasta la fecha. Sin embargo, destaca que la ECP para la depresión “todavía está en fase experimental, y en cualquier caso debe tenerse en cuenta que la mayor parte de los pacientes responden bien a los tratamientos tradicionales, como son los fármacos antidepresivos y la psicoterapia, aunque muchas veces ambos deban combinarse”.

RMN en respondedores al tratamiento

Otras enfemedades

De momento, la ECP está aprobada para el tratamiento del Parkinson y en vías de confirmarse su uso para el trastorno obsesivo-compulsivo. Para la depresión es aún una terapia experimental, ya que el número total de pacientes estudiados en todo el mundo es de poco más de 50, – aunque la cifra no es muy inferior a la de pacientes obsesivos – y los datos de su eficacia a largo plazo son aún escasos. Al mismo tiempo se está estudiando también la posibilidad de emplearse en otros trastornos como la esquizofrenia, el dolor crónico, las adicciones o incluso la obesidad. De hecho, mientras se implantaban los electrodos a un paciente con obesidad mórbida, éste recuperó de repente recuerdos que había perdido mucho tiempo atrás, lo que hace que se abran posibilidades de aplicación para el tratamiento del Alzheimer. Pero esa es otra historia, con seguridad mucho más lejana y complicada. La de hoy es la depresión, la depresión resistente, y para ella hay esperanzas fundadas. La ECP es una operación, y no está exenta de riesgos, como posibles hemorragias o infecciones, pero como dice la doctora Puigdemont, que ha seguido la evolución de todos los voluntarios, “si preguntaras a los 8 pacientes si volverían a operarse, los 8 te dirían sin dudarlo que sí”.

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Vídeos

A continuación se incluyen dos links para ver sendos vídeos sobre el proyecto y sobre “Julia”. El primero fue emitido por la televisión catalana TV3 con motivo de la Maratón Solidaria en 2008, y se puede ver aquí. El segundo apareció en la cadena de noticias 3/24, y recoge imágenes actuales de “Julia” tras la operación. Puedes verlo pinchando aquí.

Jesús Méndez

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3 comentarios
  1. Viendo esto, que es excelente solo puedo decir, como poco, que los de Publico no te han hecho ningún favor en el recorte…

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