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Postal con Picasso

septiembre 18, 2011

POSTAL CON PICASSO: 

Nieva.

No lo vas a creer pero no sabía que las señoritas de Avignon se llamaban así por la calle de Barcelona. Que Picasso vivía cerca de allí. Que no tenían nada que ver con Francia. Lo digo ahora que he buscado el cuadro y sin embargo, mientras lo miro, sigo viéndolas como francesas en el Barrio Gótico, ya ves. Dirás que vaya forma de comenzar, te adivino la cara pensando por qué siempre el efecto accesorio, por qué no te cuento, te pregunto qué tal, te digo de mí. Pensando que ya estoy jugando a aventurar.

Te explico.

Acabo de ver una foto en el MOMA, en Nueva York. Estás con las manos en los bolsillos y el cuerpo hacia delante, absorta. Estás al final de un grupo de turistas que se abalanzan sin parecer comprender. Quiero decir que con sólo echar el cuerpo un poco hacia delante tú estás más cerca que cualquiera de ellos de las señoritas de Avignon, ¿comprendes?

Te explico (es estético, no condescendiente).

Quiero decir que Nueva York es ahora una atmósfera y varias fotos. Que con el tiempo las fotos se hinchan, cogen cuerpo, pesan más.

Una vez, en un autobús de Barcelona, escribí:

“Hoy una moto se ha cruzado en el camino del autobús, pero el conductor ha conseguido esquivarla. Es curioso que no haya sido al revés. En la moto iba una pareja y se han alejado rápido por la calle de la derecha. En serio que han estado muy cerca. Después los he visto irse rápido muy rápido y con las espaldas muy rectas. Sobre todo con las espaldas muy rectas. He pensado que a veces un simple gesto ayuda a vencer el miedo, aunque no sepamos muy bien a dónde lo llevamos. Como un ritual, como llenar de agujeros los bolsillos.”

También que después de Nueva York tuve que ir a hacer una revisión del coche. El sitio al que debía llevarlo estaba bastante lejos, en un polígono industrial inmenso, con fábricas y calles todas iguales, todas oscuras. No sabía llegar. Quiero decir que avanzaba sabiendo que no iba a llegar, que estaba solo, que avanzaba sabiendo que me alejaba y que sin embargo no tenía fuerzas para parar.

Lástima de viajes reducidos a fotos tan pesadas.

(Déjame escribir en fragmentos. Al fin y al cabo una carta, un propósito de carta, es siempre una historia, un propósito de historia.)

Quiero decir: no tenemos ni las espaldas tan rectas ni agujeros en los bolsillos.

Cuando miro las señoritas de Avignon pienso en la vez que visité el museo Picasso y vi todo lo que había pintado para llegar hasta allí. Que no existe el talento puro. También cuánta mitomanía esconde mi admiración. Que no existen las formas puras. Y siempre estoy a punto de preguntarme por qué la mujer con esa especie de máscara pero acabo preguntándome por el azul del fondo, por qué lo primero y lo que más me llama es ese extraño azul de fondo.

No sé qué harás ahora, pero sí creo que si echaras el cuerpo un poco hacia delante lo verías todo mejor, que no creo que me soluciones por qué el azul pero que seguro así me sería mucho más fácil explicarte. Que sigue habiendo cosas que echo de menos, que siguen sin ser suficientes.

Lo decía Leonard Cohen, ¿recuerdas? “New York is cold, but I like where I´m living.”

No es Clinton Street, pero las señoritas están muy cerca.

Y nieva.

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