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El mal, v 1.0

enero 31, 2011

Ejercicio de taller, primera aproximación. Composición de escenas con los siguientes titulares:

– “La atroz venganza chechena contra Putin” 

– “Tan felices sin un nueve” 

– “Maria Esther se citó con su asesino en la caseta”

  

1) Pruebas de la inexistencia del alma (1)

En los campos de concentración, los crematorios se construían con una ligera pendiente. De esta forma la grasa de los cuerpos, al liberarse, caía y podía recogerse en una especie de depósito. Luego la usaban para alimentar el fuego, si éste decaía.

Shlomo Venecia, superviviente de Auschwitz.

 

2) El medio es una forma del fin. Si el objetivo no es alcanzable hay que revolver sus alrededores. Aunque sea la última bala hay que lanzarla para que el conejo salga de la madriguera, aunque entonces nosotros ya no podamos hacer nada; hay que exponerlo, devolverlo a la superficie, confiar en los lobos y después en las hienas. En su propia democracia.

Al contrario de lo que luego pensarán no es una viuda negra. Él aún sigue vivo, y ni siquiera tiene esposa que pueda continuar su labor. Procura no exagerar la seriedad del rostro cuando pasa por el detector de metales,

– no lo detectarán, le aseguraron. 

Y él los creyó. Son 10 kilos que durante un momento le pesan como toneladas y al siguiente le hacen flotar. 10 kilos de una reacción en cadena que debería poner al pueblo contra el poder y que él ya no verá.

No va a esperar a llegar hasta el vagón. A los pocos minutos los operarios del metro abrirán agujeros en las paredes para multiplicar las salidas. El humo lo cubrirá todo.

En los 10 kilos han incluido fragmentos de metralla. Atraviesan la piel y son difíciles de extirpar. El medio, dijimos.

Ahora el conejo debería revolverse, salir de la madriguera. Esperan dejarlo a la intemperie, sometido al pueblo, que lo culpará a él.

Encontrarán su cabeza con una extraña expresión de serenidad.

 

3) Las culturas posmodernas, a pesar de su fascinación por los espíritus necrófagos y los vampiros, poco tienen que decir sobre el mal. Es posible que esto se deba a que el individuo (mujer u hombre) posmoderno —frío, provisional, despreocupado y descentrado— carece de la profundidad que la verdadera destructividad requiere.

Terry Eagleton. Sobre el mal.

 

4) Dicen que hay dos formas básicas de buscar el gol. Pero en realidad son infinitas. Las dos formas a las que se suelen referir implican, o bien la referencia de un nueve puro –generalmente un tipo grande, que vaya bien de cabeza, que pueda pelearse con la defensa rival, que aguante el balón dando tiempo de salida a su equipo, que no le falte decisión en el remate- o bien la opción de jugar sin boya, por lo común con jugadores de gran movilidad, hábiles, que mezclen sus posiciones, que opten por la combinación, la velocidad y la sorpresa. Pero en realidad cada jugador fabrica e inicia una táctica. Benzema juega de 9 pero cae a banda, busca la asociación, prefiere los espacios y casi siempre duda en el remate. Su mirada es la de un niño perdido. No es difícil encariñarse con él. Hugo Sánchez jugaba de 9 pero no era grande, apenas llegaba al 1.70 y era de espalda estrecha. Su poderío era notablemente inferior al del francés: menos rápido, menos fuerte, menos talentoso. Pero jamás dudaba. Era la decisión hecha cuerpo y ojos. Y se peleaba, siempre. Insultaba al defensa rival, lo agarraba cuando el árbitro se giraba, lanzaba patadas traicioneras a los tobillos. Casi nadie reconocía admirar todos esos gestos, pero cuando a los entrenadores se les daba hipotéticamente a elegir casi todos reconocían: ´mejor en mi equipo que en el contrario´.

 

5) En los accidentes o los atentados, todas las vidas parecen más polvorientas e imperfectas de lo habitual. Se necesita la memoria, la reconstrucción de los medios y los familiares, una narración que atenúe esas fotografías de camisa por fuera, una emoción que diluya la cazadora descombinada, los apuntes garabateados a medio subrayar, gritos en casa, zapatos gastados, una mediocridad de pelo sin arreglar.

Mientras un terrorista pasa, inadvertido, por el detector de metales, innumerables mujeres se dirijen a innumerables citas, con jefes, sobrinos, amigos; alguna con algún desconocido, ansiosas. Al mismo tiempo que la metralla se expande en todas direcciones y busca que el conejo salga de la madriguera, cinco minutos antes de que los operarios del metro abran huecos a martillazos en las paredes, la noticia llegue hasta el gobierno y el conejo se remueva, incómodo pero iracundo, un día antes de una cabeza con rictus de serenidad y un gobierno impasible en una plaza roja y una democracia de lobo por perfilar, un día antes de eso y a 10.000 kilómetros de allí, Maria Esther, una niña de 13 años, se dirige a una cita en una caseta de pueblo, con su asesino.

 

6) Pruebas de la inexistencia del alma (2)

Tan sólo el café de la mañana basta para convertirme en una persona distinta.

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From → Relatos

2 comentarios
  1. Querolus permalink

    Que grande…

  2. Renata permalink

    Y yo, hasta que no me tomo un café (a veces dos), no soy persona!

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