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Cartas de Cortázar y todo lo demás

octubre 23, 2010

“Hasta ahora Europa me ha invadido de tal manera que no me deja ser yo mismo”, dice en 1953. “Todo el tiempo estoy siendo otras cosas, el paisaje, los cuadros, los olores, la felicidad. Te digo con enorme egoísmo que no me importa no escribir. Nunca creí en las ‘misiones’ de los escritores, y entiendo que el escritor trabaja por las mismas razones hedónicas que el opiómano enciende la pipa. Y mi felicidad personal -tantos años disminuida en la Argentina- me vale más que todo lo que pueda escribir”.

Pero también:

“Uno de los grandes valores de esta correspondencia reside en la intimidad que despliega. Tanto cuando el escritor anima a su depresivo amigo como cuando cuenta el día de 1953 en el que él y Aurora “incurrieron” en matrimonio. Ella había llegado desde Buenos Aires poco antes: “Tuve el valor de hacerme las preguntas esenciales, y salí limpio de la prueba (…) El resto lo sabes, ella ha venido a su vez, está aquí, su mano duerme de noche entre las mías (…) Te juro que trataré de no ser demasiado ‘marido’; por el momento A. y yo damos más bien la impresión de dos camaradas que arriman el hombro (el de ella me da en las costillas). Tenemos una buena costumbre: estamos de acuerdo en casi todo lo fundamental, y discutimos como leopardos sobre lo nimio”.

Cartas a los Jonquières. Julio Cortázar. Alfaguara. Madrid, 2010.

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