Skip to content

Con Robert Sapolsky

agosto 2, 2010

 

 

Hace unos cien años, William James, el primero que en cierta manera se encargó de encajar la fisiología y la psicología, sugirió que parte de lo que hace entonces tu mente es decir: “¿Qué le está pasando a mi cuerpo? Si se me acelera el pulso, es que estoy sintiendo una emoción fuerte; si respiro pausadamente y sin dificultad, en cambio, significa que estoy calmado”.

O sea, que el cerebro decide cómo se siente según lo que detecta que le pasa al cuerpo, ¿no?

Parece una locura, pero resulta que es cierto hasta cierto punto. Parte del modo en el que decides lo que son las emociones, su intensidad, reside en el cerebro. El cerebro sondea todo el cuerpo y escoge señales fisiológicas autónomas, para decidir si estás enfadado, por ejemplo, lo que acaba volviéndose una especie de bucle.  Así que el punto clave que has mencionado es que cuando algo te molesta, cuando te enfadas, se activa el sistema límbico, y al cabo de unos segundos se activa el sistema nervioso autónomo, finalmente te piden perdón, la pelea se acaba, te das cuenta de que han reconocido haberse portado fatal, sabes que es verdad, has ganado, todo ha pasado… tu sistema límbico se da cuenta de que todo ha acabado…  pero lo importante es que el sistema nervioso autónomo vuelve a la normalidad más lentamente que el sistema límbico.

Más lentamente.

Sí. Tú has decidido que la pelea ha acabado, entiendes que ha acabado, que no tienes derecho a estar enfadado porque la otra persona se ha disculpado; y sin embargo tu corazón sigue acelerado, tu estómago hecho un nudo, etcétera. Y en cierto modo William James vuelve para arruinarte la vida, porque tu cerebro dice: “bueno, veamos, mi corazón sigue acelerado y sigo teniendo un nudo en el estómago, tengo que estar enfadado por algo si esto es lo que hace mi cuerpo. ¿Estoy enfadado por esto? No, no, se ha disculpado, esto ya ha pasado. ¿Qué será entonces? ¡¡¡Ya lo sé!!!

Fue hace años…

“¡Fue hace 20 años! ¡Y tenemos que volver a hablarlo ahora mismo!”. Lo interesante es que cuando activas el sistema nervioso autónomo, tarda más en desactivarse en las mujeres, como media, que en los hombres. Cuando se publicó este estudio por primera vez en una de estas revistas de hombres, de ésas que explican cómo conseguir grandes músculos y una relación perfecta… ¡les encantó! Porque parece explicar una experiencia que todos conocemos: ¡justo cuando pensabas que todo estaba arreglado, no está arreglado en absoluto!

  

Robert Sapolsky, profesor de neurología en Stanford, entrevistado por E. Punset en la revista Redes para la Ciencia.

(complemento de algo que defiende Antonio Damasio, y que fue recogido aquí)

 

Anuncios

From → Citados

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s