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EPS: Collage.

julio 25, 2010

 

No se trata tanto de viajar como de partir.  George Sand.

 

¿Qué le pasa en las manos? Hace dos o tres años, el grupo Genesis se volvió a juntar para ir de gira, y estuvimos cuatro semanas en Europa y cuatro en Estados Unidos. Y en la segunda mitad de nuestra gira en Estados Unidos ya no sentía los dedos, las vértebras me estaban oprimiendo la médula espinal; quizá se deba a haber estado tantos años tocando la batería con una mala postura. Aunque la verdad es que, cuando tocaba, no me dolía nada. Recuerdo que el día que toqué con mi hijo mayor, que hizo también un disco, me dolió  mucho el brazo por la noche. Lo que pasó fue que ese día, por el estrés o por la tensión, se pinzó un nervio y no se recuperó ya nunca. Creo que ya está arregaldo con varias operaciones que me han hecho [me muestra tres cicatrices, una en la mano, otra en el antebrazo y otra en el cuello], pero hasta dentro de un año no lo sabré con certeza, porque el nervio tarda un tiempo largo en regenerarse. En este nuevo álbum toco la batería, pero para grabarlo me tuve que atar la baqueta a la mano con celo. Lo peor es que no puedo ni cortar el pan. Bueno, poder, puedo hacerlo, pero tardo muchísimo. No puedo usar la mano y encima soy zurdo. Pero no pasa nada. Es como cuando dejé de oír por este oído.  Phil Collins.

 

El imperio del yo en el siglo XXI está garantizado por un aliado: el ciberespacio y los blogs. Para el argentino Alan Pauls, el crecimiento de este género “tiene que ver con la pretensión de escribir una cotidanidad en vivo. El escritor mata (o cree matar) tres pájaros de un tiro: la relación con la actualidad (cómo ser contemporáneo), la relación con el lector (cómo saber que me leen) y la relación con la propia imagen (cómo constituirme en escritor visible)”.

 

John Banville.   Odio teminar la tarea del día demasiado pronto, me deja aturdido y ligeramente mareado.

Lo que sí envidio es el fin de semana del oficinista. Debe de ser un lujo, dos días enteros de libertad. Para mí, el fin de semana es una tortura de hastío, frustración y el amargo esfuerzo de pasar por un ser humano. Cuando no está en su mesa, el escritor se siente vacío.

A Quirke, el desventurado héroe de mi libro como BB, acaba de ocurrírsele la horrible idea de que tal vez esté enamorándose. Le dejaré en suspenso, aterrado, durante todo el fin de semana. Es lo que se merece, el sinvergüenza de él.

 

Justo Navarro.   Mi amigo, hijo de un militar de altísima graduación y enormes responsabilidades ya fallecido, me cuenta que su padre le provocaba afasia. Su padre lo llamaba, le hablaba tranquilamente y él no podía responder ni preguntar (he leído que una lenta inyección intracarótida de amilobarbital sódico produce afasia e incluso pérdidas momentáneas de conciencia: una sola voz puede producir los mismos efectos). Yo le digo que otro medio muy usado en tiempos de nuestros padres para provocar la parálisis de la musculatura vocal y el silencio eran los gritos.

Erley Stanley Gardner, más olvidado que su criatura de novela policiaca, el abogado Perry Mason: “Cada página empuja al lector a la siguiente: a eso le llamo yo talento”. El talento en una página web consiste en lo contrario: en retenerte en la página, en quitarte el apremio de saltar a otra. 

 

  

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From → Miscelánea

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