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Con Foster Wallace

junio 28, 2010

Comienzo a leer su famoso libro de curioso título: Entrevistas breves con hombres repulsivos. Intento olvidar la idea de cómo acabó Foster Wallace, pero planea todo el tiempo. Quizá una biografía enriquezca una lectura, pero prefiero evitar que la catalogue. Pienso en Alejandra Pizarnik, en Sylvia Plath, en Mishima, en Virginia Woolf, cómo no. Reconozco que me gustaría poder ahora verlos moverse, hablar, contextualizarlos. Con Foster Wallace puedo hacerlo:

 

 

También lo que tiempo atrás subrayé en un resumen de su biografía El escritor inconcluso, de D. T. Max (traducción de Diego Salazar):

“Lo que pasa por dentro es simplemente demasiado rápido y enorme y por completo interconectado para que las palabras consigan algo más que apenas esbozar los contornos de, como mucho, una parte diminuta de ello en cualquier momento determinado.”

“Me parece que la gran distinción entre gran arte y arte mediocre reside en estar dispuesto a morir con tal de conmover al lector, de alguna forma. Incluso ahora mismo me asusta cuán ñoño puede parecer lo que estoy diciendo una vez aparezca impreso. Y el esfuerzo para llevarlo a cabo en realidad, no sólo decirlo, requiere un tipo de coraje que no parezco tener todavía”.

“En su último año de secundaria, empezó a llevar consigo siempre una toalla para limpiarse el sudor producido por constantes ataques de ansiedad, además de una raqueta de tenis para que nadie viera nada extraño en la toalla”.

“Alguien con quien te rehabilitas es como alguien con quien luchaste en Vietnam”.

“Creo que deseo la sensatez que uno alcanza en la adultez, lo que me parece que es la única forma de heroísmo puro disponible hoy en día”.

“Wallace estaba encantado de tener en orden su vida personal: lo tomó como un signo de madurez. Bromeaba con Green acerca de lo buen marido que era. Ella lo recuerda diciendo: «Saco la basura fuera, ¿lo has visto?», y «Preparo té para ti cuando estás conduciendo camino a casa». Green también era una buena pareja para él. Comprensiva y culta, pero en absoluto intimidada por su marido”.

“Karen se está matando remodelando la casa. Yo me siento en la cochera con el aire acondicionado a toda marcha y trabajo muy pobremente y me detengo (algunos días) de mala gana con sentimientos ambivalentes y dolor. Estoy cansado de mí mismo, por lo que parece; cansado de mis pensamientos, asociaciones, sintaxis, varios hábitos verbales que han pasado de descubrimientos a técnicas a tics. Son tiempos oscuros en los que al trabajo respecta, y aun así muy luminosos y adorables a la vez en todo lo demás. Así que sigo adelante y me siento bastante feliz”.

 

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