Skip to content

Feliz año

diciembre 31, 2008

    hopper_rooms-sea3     _40466241_ali_foreman_1_300             

 

Puedes bailar alrededor tratando de esquivar cada golpe. O puedes abrazarte y dejar que te golpeen hasta machacarte el hígado pero susurrando al oído sin parar. Tú también puedes elegir.

Lo primero que uno ve al despertar nunca son los pies.  Así que, a pesar de tu metro ochenta lo primero que vas a recordar no son tus pies sino esa diminuta televisión de hotel sonando incesante, y luego la sorpresa de reparar en que ya es casi noche cerrada y no sé cuántas cosas más. Y entonces esa leve calma indolora mientras dura la confusión, un martillo indoloro que se va difuminando lentamente por la frente hasta darte cuenta de haber dormido vestido toda la tarde, del hotel, del viaje, de un pueblo al norte de Italia y la noche casi cerrada.

El combate tuvo que aplazarse seis semanas. En su mirada no había alivio, sólo una discreta decepción. Pero sobre todo una absoluta determinación en la victoria.  

Le extraña despertarse en una cama tan enorme y ver que además hay un sofá extensible allá, un poco a la derecha. No podrá evitar pensar en la cantidad de espacio malgastado y sin embargo lo pequeño que le resulta. Le viene a la cabeza aquello de los cuartos pequeños para los sueños tan grandes pero qué decir ahora que las tornas se invierten y ya nada llega a empujar las paredes, ahora que todas las calles parecen del tamaño inadecuado.

En 1974 se disputó el combate por el título de los pesos pesados entre Muhammad Ali y George Foreman. Lo organizaron en el centro de África, de donde era Ali. Así conseguían el símbolo de lo que representaba, captaban la atención desviándola del foco oficial. Ali era el icono pero tenía ya 33 años y el favorito era Foreman. Otra de esas cosas un tanto misteriosas. El combate tuvo que aplazarse seis semanas cuando ya todo estaba dispuesto por un corte en la ceja de Foreman durante un entrenamiento. A pesar de no ser favorito (las apuestas estaban siete a uno), en la mirada de Ali no había alivio, sólo una discreta decepción. Parecía haber una absoluta determinación en la victoria, pero esa exageración escondía y apaciguaba el miedo; casi todo el mundo coincidía en eso. (Recordemos que Ali no era el favorito.) El combate se ha convertido en un mito. Lo retrató Norman Mailer, lo recogieron en un documental de título insuperable: cuando éramos reyes. 

(recuerda que cuando éramos reyes apenas si lo reconocíamos)

 Un cansancio de pequeñas imágenes. Atiende: has venido hasta aquí para pensar dónde ha estado el fallo y cómo lo vas a reconducir, y sin embargo:

los niños melancólicos que viajan huyendo consigo mismos, te dijeron que no tratases de atrapar las cataratas, que mil personas coreen tu nombre una sola vez o que una sola persona te llame mil veces, no tranquilizarse cuando dejan de sonar las ambulancias, el tiempo mentiroso entre la salida del trabajo y la llegada a casa, mil veces mil ambulancias y qué hacer con ese tiempo y qué con el tiempo de antes y cómo bailar.

En los primeros asaltos Ali bailaba y bailaba con su estilo inconfundible y Foreman no acertaba: Ali flotaba alrededor y esquivaba cada golpe. Después algo sucedió. Ali se abrazaba a Foreman mientras éste le machacaba el hígado y Ali le susurraba al oído algo como: ¿es eso todo de lo que eres capaz? ¿no puedes golpear más fuerte? Ali se había preparado para recibir y Foreman golpeaba una y otra vez y nadie sabia qué estaba pasando pero todo el mundo intuía que presenciaba algo importante, si no decisivo. 

(recuerda que captaron toda la atención desviándola del foco oficial.)

Y en cierto momento, tras bailar y susurrar, y con Foreman agotado, Ali comenzó a atacar. Golpeaba por todos los lados, bailaba y picaba, bailaba y picaba por todos los lados y la gente se deshacía y ahí sí que éramos reyes, y Ali vencía y la gente sabía que había presenciado algo importante y todo lo demás. 

Pero en la televisión no están poniendo ningún combate y tú decides salir a la calle aunque parezca del tamaño inadecuado. Y mientras paseas por esas calles extrañamente vacías vas a pensar que no sabes quién te dice todas estas cosas, quién te habla casi todo el tiempo así, desde esta segunda persona. Vas a pensar que aunque no lo sepas, pero lo sospeches, preferirías una historia más enlazada, más lineal, más dirigida. Y mientras te preguntas por qué no te la dan vas a empujar una piedra con el pie decidiendo que las pequeñas imágenes no deben lastrar, vas a darle una patada pensando cómo querer acortar ese tiempo que dices mentiroso desde el trabajo hasta la llave en casa y que no sabes cómo lo vas a hacer, al fin y al cabo los niños melancólicos siempre viajan consigo mismos, pero le vas a dar una patada decidiendo que podrás bailar alrededor o dejar que te machaquen el hígado pero que vas a susurrar al oído, que lo que hagas será una táctica, que habrá intención, no será la televisión al anochecer y le das una patada reconociendo que esta es otra pequeña imagen

la gente gritaba: Ali, boma ye. 

pero que tiene un color algo distinto, le das otra patada convenciéndote de que lo importante es la mirada aunque esconda todo ese miedo y sospechas, aunque no estés del todo seguro, que prefieres mil veces tu nombre y que igual así se acortan los tiempos y lo primero que veas sean los pies, que no hay sirenas en el centro de África, que si te concentras con fuerza las ambulancias parecen dejar de sonar.

 

Anuncios

From → Relatos

One Comment
  1. Pues yo prefiero abrazar y dejar que me abrazen, oye.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s