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Confusiones

diciembre 1, 2008

 

damian-hirst

 

 

Cuando Gabriel García Márquez terminó de escribir Cien Años de Soledad le envió el manuscrito a un amigo diciendo: no sé si he escrito una obra maestra o la mayor cursilería de la historia. Más tarde, cuando Edward Hughes decidió montar una exposición a base de mariposas disecadas y cuadros de lunares de colores apenas nadie le apoyó. No sabía que debía esperar otro rostro, que debía esperar a llamarse Damian Hirst para poder tatuarse de piedras preciosas la calavera, para que se fundieran la manipulación y el genio, para que de una vez por todas nadie supiese cuál era el verdadero nombre de García Márquez ni quién escribió realmente los Cien Años de Soledad.

 

 

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