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Con Arshavin

julio 21, 2008

Los mejores descubrimientos suelen ser los que llegan por sorpresa. Quizá porque no da tiempo a pensar si hay que vivir en ellos. Acaba de terminar la Eurocopa. Ha ganado España. Por fin ha ganado España y sin embargo más que la final a mí se me aparece el Holanda-Rusia de cuartos. Quizá porque lo encontré por casualidad, porque no lo esperaba como esperaba cada partido de la selección. Seguramente porque, como tantos otros, allí descubrimos a Arshavin. Arshavin es el 10 de los rusos, juega en el Zenit, de San Petersburgo, y este año había ganado la UEFA pero quien ve la UEFA en estos tiempos.

El fútbol no es sólo fútbol. Que se lo pregunten a Villoro, a Valdano, a Enric González.

Arshavin jugaba en el patio del colegio aunque llevaba el 10 de los rusos y enfrente estaba Holanda. Hay partidos que son un prodigio y un disfrute de orden, de sentido, de colectividad. Pero éstos apenan aguantan en la retina, apenas traspasan. Hay algo de inquietante en nuestra preferencia por el desorden, la sorpresa, el talento. Porque a los pocos minutos Arshavin ya parecía exhausto, se detenía, ordenaba a los compañeros que ocuparan su lugar, que le relevaran. Y los rusos le obedecían, y robaban una vez tras otra. Y casi siempre se la daban a él. Y entonces el balón lo volvía eléctrico, era la palanca y la droga, el placer intermitente, y cada vez que lo recibía descargaba (esto ya lo dijo Chus Fernández, como tantas cosas) una apatía violenta que no se sabía de dónde venía y que le hacía soportar cada sprint. Pero que no eran rabietas de colegial. Porque cada vez que apretaba la palanca la jugada tenía un fin: apenas le recuerdo pérdidas, jugadas en el limbo.

El fútbol incorpora el azar. Pero sobre todo soporta las metáforas.

Tuvo además los gestos del niño mimado que se sabe el centro. Tras servir en bandeja el segundo gol, y mientras todos los compañeros van a celebrarlo, él vuelve solo hacia el medio del campo: las mejillas coloradas, la sonrisa enorme pero completamente escondida; vuelve con la sensación del deber cumplido, como pensando: soy yo, ya vendrán. No sé si hay algo inquietante en cómo la cámara lo prefiere a él, en cómo abandona al resto. No sé qué tipo de partidos debería preferir.

Tiene 27 años. Todo el mundo se pregunta cómo es que no estaba en boca de nadie. La sensación de revelación es mayor que si se tratara de un juvenil, añade un perfil de misterio frío, de ocultación.

Quizá exagere si digo que en cierto modo también me siento en deuda: por un momento volví a los recreos, pero no al sudor.

(Contra España Arshavin no apareció, tampoco los rusos. Pero esa es otra historia, otra caja por abrir: la ciclotimia, la confianza.)

Volvían a darme el balón, accionaba mil palancas, marcaba, miraba al suelo.

Era mi partido el que prefería.

El fútbol no es sólo fútbol.

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From → Miscelánea

3 comentarios
  1. querolus permalink

    Una vez te has puesto manos a la obra (maestra), espero que habrás la caja de la ciclotimia, de la confianza. Eres prioridad alta en mi bloglines, como en tantas otras cosas, pero esto es como una espina, de coronas.

  2. hombre pop permalink

    qué sorpresa,jesús y qué alegría. enhorabuena por el blog. qué tal todo? a partir de ahora te seguiré de cerca. nuevo libro? este otoño,en una editorial de barcelona: Icaria. ahora mismo estoy corrigiendo las pruebas. un abrazo.

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  1. Con Neymar « 20000caligrafías

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