Ciencia en palabras/3 – Cajas chinas: Michael Jackson, el oído absoluto, una ambulancia y un piano no de cola.
Septiembre 28, 2009
Introducción 
Viernes, 26 de Junio de 2009: nos sorprendemos con la muerte de Michael Jackson, al parecer causada por una sobredosis de tranquilizantes. No puede haber noticia más poderosa: artista fallecido; vida agitada, convulsa y controvertida; circunstancias de la muerte que alientan la polémica. Sobreviene lo esperable, lo previsible: un aluvión de crónicas, reportajes, vídeos y entrevistas. Gracias, o a pesar de ello, conocemos o reconocemos toda su historia: sus inicios en los Jackson Five, su éxito fulminante con Thriller, sus operaciones quirúrgicas, sus trastornos, sus juicios. Pero a uno, que siempre le inquietaron los talentos precoces, los niños consagrados, le sorprende un detalle que parece pasar sin importancia: Michael Jackson, entre otros dones, poseía uno en particular: MJ tenía oído absoluto. Y uno, que también es previsible, decide que es una buena oportunidad para indagar en ello.
Así pues,
Puente y Tema
¿Qué es el oído absoluto? El oído absoluto es la habilidad de nombrar y reconocer estímulos auditivos aislados sobre la base de la nota misma sin ninguna referencia externa (1) .
Las definiciones se necesitan, pero generalmente los ejemplos se prefieren. El primer recuerdo que tengo de alguien con oído absoluto fue un concursante del programa ¿Qué apostamos?, ese espacio en el que los participantes trataban de sorprender al público con sus curiosas habilidades.
(también era el programa en el que solía acabar duchándose Ana Obregón, para mayor estímulo de las audiencias)
Uno de aquellos concursantes afirmó que era capaz de reconocer e identificar cualquier sonido, sin importar el instrumento del que proviniese, y sin necesidad de ninguna referencia. Es decir, que sería capaz de nombrar la nota que le hicieran sonar sin conocer ninguna previa (generalmente se usa el la) de la cual inferir la nota problema. Uno, que siempre tuvo grandes problemas de oído, no podía dejar de sorprenderse cada vez que el concursante acertaba: la bemol, do, re sostenido; tocados con un piano, una flauta, un xilofón. Fueron innumerables las notas que acertó. Y no sólo es que no cometiera ningún error, es que las respuestas eran inmediatas, es que no había ápice ni lugar para la duda.
Sin embargo, ante algo así, visto un viernes por la noche en la televisión, uno desconfía y lo aparta de sí. Se convierte en San Pedro y Santo Tomás: lo ve, pero como no lo toca, lo niega.
Años más tarde uno se entera de que:
No se sabe a ciencia cierta el origen del oído absoluto. Se cree que hay una importante influencia genética, pero también son importantes las condiciones ambientales. Así, parece que la preparación entre los 2 y los 4 años es especialmente relevante, siendo mucho más difícil su adquisición a pesar del entrenamiento a partir de los 5 años (2). Incluso se ha observado que las poblaciones con “lenguas tonales” (con un mayor intervalo de frecuencias en el habla) presentan una mayor proporción de personas con oído absoluto (3).
Y empieza a creer.
“El número de vidas que entran en la vida de uno es incalculable” John Berger.
Sin embargo yo creo que debo conocer al menos a 40.000 personas. Me explico: el oído absoluto se estima que se da con una frecuencia de 1/10.000 (curiosamente 1/
20 entre los autistas). Y si creo definitivamente es porque yo conozco a cuatro de ellas. Uno es mi amigo J., a otros 3 los conocí un verano en unas clases de música en las que participé. De ellos dos eran gemelos (idénticos); la tercera era la hija de un conocido compositor. No se puede deducir, por tanto, la influencia de la carga genética o ambiental, porque los dos gemelos fueron seguramente expuestos a los mismos estímulos y porque ella, siendo hija de quien era, no sólo tendría la herencia sino también la educación precoz. El caso es que mientras la profesora tocaba al piano nosotros teníamos que identificar las notas, los ritmos, los tonos. Y mientras yo, con mi mediocre oído relativo, y tras saber cómo sonaba el la, me esforzaba en desentrañar si aquella melodía subía o bajaba, mientras incluso silbaba para intentar ayudarme, mientras pedía a la profesora una y otra repetición, mientras sucedía todo eso, aquellos tres habían completado el dictado a la primera, sin esfuerzo, y, sobre todo, sin fallo.
Y terminé por creer.
¿Cómo funciona el oído absoluto?
No parece conocerse a ciencia cierta su funcionamiento. Se sabe que los estímulos auditivos viajan desde el oído interno hacia la corteza cerebral y que allí ésta cumple una doble función. Por un lado el hemisferio derecho se encarga de la interpretación melódica y de las frecuencias, mientras que el hemisferio izquierdo, más especializado en el lenguaje, asigna un nombre a dichas frecuencias, lo que inevitablemente nos lleva aquí. Se podría pensar que los dotados con oído absoluto tuvieran una mejor comunicación entre ambas áreas, pero lo único que se ha observado es que presentan un mayor e incierto desarrollo del lado izquierdo. Se deduce por tanto, como casi siempre se suele deducir, que se necesitan nuevos estudios.

Curiosidades y pequeña coda
No se necesita poseer oído absoluto para ser músico, aunque algunos parece ser que sí lo tuvieron, como por ejemplo: Bach, Paganini, Tchaikovsky. Incluso Ana Torroja.
(me pregunto si en realidad conozco a bastantes más de 40.000 personas).
En realidad, lo que más se necesita generalmente es un buen oído relativo (es decir, la capacidad de identificar sonidos a partir de notas previas), especialmente para músicas de conjunto, donde uno debe apoyarse en el sonido del resto. Incluso puede tener efectos perjudiciales: algunos músicos con oído absoluto pueden tener más difícil el tocar en orquestas donde no se sigue una afinación estándar, por ejemplo. O incluso pueden sufrir molestias cotidianas, de hecho
no me lo podía creer cuando J. me decía que sufría con los sonidos de las ambulancias. Para él, más que sonidos eran palabras, y no hacían más que repetir “si, mi, si, mi” como una voz interior inevitable.
Algo que también le ocurría a Charly García, un músico argentino, que decía:
“¿Por qué en Madrid todas las bocinas están afinadas en mi?. Todas están afinadas en mi y eso me gusta mucho porque puedo dormir. En Buenos Aires están afinadas en la y no puedo dormir porque me pone nervioso.”
Pero había otra cosa que le ocurría a Charly García, que contó su técnico de sonido, Marcos Sanz, y que puede llevar a otros caminos:
Coda final
“Marcos Sanz contó que en una ocasión Charly le dijo: quiero saber cuál es tu resonancia, cuál es tu nota. Marcos se sintió extrañado por esta pregunta, por lo que el cantante le explicó: sí, mira, tienes que hacer una cosa: respira profundo, abre la boca. Y tras darle un golpecito le dijo: tú estás afinado en sol. Tu caja torácica, tu caja de resonancia es sol, y eso es agradable para mí porque, por ejemplo, yo a los si no los soporto, a los que están afinados en si no los soporto”.
***
Post-coda:
Fred Astaire, tras ver a Michael Jackson actuar en una gala de la Motown dijo que acababa de conocer al mejor bailarín del siglo XX. Buceo en sus vídeos de niño para ver si el talento era innato, si como yo creía el ritmo ya estaba y poco se podía hacer por trabajarlo. Si sólo era cuestión de cuidarlo y evolucionarlo. Si la herencia o el ambiente. Si debería dejar de una vez mis agotadoras clases.
Pero compruebo que apenas si se movía. Que por lo menos dos de sus hermanos eran claramente más naturales, que eran mejores que él.
Referencias
1. (1982) «Absolute Pitch», The Psychology of Music, D. Deutsch (Ed.) edición, Orlando: Academic Press. 431-452.
2. Sakakibara, A. (2004). «Why are people able to acquire absolute pitch only during early childhood?: Training age and acquisition of absolute pitch.». Japanese Journal of Educational Psychology 52: 485–496.
3. Deutsch, D., Henthorn, T. y Dolson, M. (2004). «Absolute pitch, speech, and tone language: Some experiments and a proposed framework». Music Perception 21. 339-356.
Ciencia en palabras/1
Julio 30, 2008
Ciencia, jazz y sentimientos.
El otro día acudí al congreso de la ESOF, la sociedad científica europea, en Barcelona. Fui con un firme propósito de reafirmacion, convencido aún de que las fronteras son difusas; de que las diferencias, que las hay, no las vuelven excluyentes; harto como siempre de la definición, de las elecciones forzadas, de las ciencias o las letras. No quiero hacer hoy un resumen o un juicio de lo que vi. No sé tampoco si quiero hablar de la necesidad del lenguaje en la ciencia, de la comunicación, esos lugares que creía comunes. Sí sé que hoy quiero hablar de la ciencia y el jazz.
En Copenhague existe un Instituto para la divulgación científica, el Danish Science Communication. En él colabora un neurocientífico llamado Peter Vuust. La peculiaridad es que además Peter Vuust es, al parecer, un reputado violoncellista. Su investigación se basa, de hecho, en estudiar las diferencias en el comportamiento cerebral que muestran al escuchar una obra musical los músicos profesionales respecto a aquéllos que no lo son. Durante la charla, uno de los responsables del instituto iba mostrando una partitura a medida que sonaba un tema del Miles Davis Quintet (donde también estaban John Coltrane y Herbie Hancock). Después demostró cómo, durante la escucha activa, las áreas cerebrales se “iluminaban” de forma diferente en los músicos profesionales y en los individuos control. En éstos, las zonas más activas eran las esperadas, es decir, aquellas que correspondían al lóbulo temporal, el responsable de la gestión auditiva. En cambio, en los músicos profesionales se activaban también otras áreas aparte de éstas; la sorpresa vino con su identificación: ¿cuáles eran? Pues eran áreas muy cercanas a aquellas que correspondían al lenguaje. Es decir, se puede decir que los músicos, literalmente, “hablan” al tocar.
(Yo entonces pienso en aquellas clases agotadoras de solfeo. Pero sobre todo pienso en que uno de los profesores a veces nos ponía audiciones. Recuerdo cómo montaba ilusionado el equipo de música y cómo disfrutaba anunciándonos pasajes, hablándonos del fraseo, de las “conversaciones” entre los instrumentos.
Pienso ahora también que me entusiasmaban las audiciones porque la música era explicada, imaginada, verbalizada.
Lo dejé antes de acabar.)
Me pregunto, aunque sea con vocación estética, si los resultados pueden ser extensibles a los físicos, los matemáticos, los bailarines, los escultores.
Al fin y al cabo la ciencia, muchas veces, lo que hace es explicar y ahondar en nuestras intuiciones.
Para ello es necesario seguir el hilo.
Si ahora sigo el hilo recuerdo que estoy leyendo “En busca de Spinoza”, de Antonio Damasio, un neurólogo portugués. Y recuerdo sobre todo una teoría que sostiene: que las emociones, los sentimientos, son el fondo una representación corporal. Que, por tanto, no es posible la felicidad ni la tristeza sin sensación. Escojo fragmentos:
“Con el fin de dejar que siga este experimento mental, permita el lector que le ofrezca algunas sugerencias: piense que está tendido en la arena; el sol del final del día calienta ligeramente su piel, el océano chapotea a sus pies, y oye un murmullo de hojas de pino en algún punto situado detrás de él; además, sopla una suave brisa estival, la temperatura ambiente es de 26ºC y no hay una sola nube en el cielo. Tómese el lector su tiempo y saboree la experiencia. Voy a suponer que no se aburre como una ostra y que, en cambio, se siente muy bien, extraordinariamente bien, como le gusta decir a un amigo mío; y la pregunta es: ¿en qué consiste este “sentirse bien”? He aquí algunas pistas: quizá la calidez de su piel era confortable. Su respiración era fácil, inspirar y expirar, sin ningún impedimento por parte de ninguna resistencia en el pecho o en la garganta. Sus músculos estaban tan relajados que no podía sentir ninguna tensión en las articulaciones. El cuerpo se sentía ligero, tumbado sobre el suelo pero etéreo. El lector podía supervisar el organismo como un todo y notar que su maquinaria funcionaba de manera uniforme, sin fallos, ni dolor: la simple perfección. Tenía la energía necesaria para moverse, pero de alguna manera prefirió permanecer quieto, una combinación paradójica de la capacidad y la inclinación para actuar. (…)
(…) Había adoptado un modo de pensar en el que las imágenes estaban claramente enfocadas y fluían de manera abundante y sin esfuerzo.(…)
(…) Aparecía nítido el núcleo del sentimiento. Su contenido consistía en la representación de un estado particular del cuerpo. Los sentimientos surgen de cualquier conjunto de reacciones homeostáticas, no únicamente de las emociones propiamente dichas.(…)
(…) ¿Qué hace que los pensamientos sean felices? Si no experimentamos un determinado estado corporal con una cierta calidad que llamamos placer y que encontramos “bueno” y “positivo” en el marco de la vida, no tenemos ninguna razón para considerar que ningún pensamiento sea feliz. O triste.
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Por tirar del hilo: a falta de playa y murmullos de hojas de pino, uno puede relajarse poniendo un poco de música. Y por qué no jazz. Al fin y al cabo la felicidad igual está en un disco del Miles Davis Quintet. En relajarse mientras tocan. O mientras nos hablan.


