Citados/4
Septiembre 26, 2008
“Cuando iba al instituto un profesor me preguntó qué quería estudiar de mayor. Yo le contesté que matemáticas o física. El profesor me dijo que me dedicara a algo artístico, que me faltaba fantasía para las matemáticas.”
En la película Lo visible y lo invisible, de Rudolf Thome.
Citados/3
Septiembre 24, 2008
“Haber sido es una forma de ser.”
José Manuel Martínez-Lage, profesor de neurología de la Universidad de Navarra. En Amar sin recuerdos, sobre la vida emocional en enfermos de Alzheimer.
El País 23/09/2008
Citados/2
Septiembre 24, 2008
“Escribir cartas significa desnudarse ante los fantasmas, que lo esperan ávidamente. Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas.”
Kafka.
En El País 20/09/08
Magiar
Septiembre 24, 2008
Es posible que eligiera aquella biografia por el color. Quiero decir, si eligió aquella biografía podría ser por haber relacionado a Genghis Khan con lo magiar, aunque váyase a saber qué momento lleva a un niño de doce años a una asociación tal. Lo que sí sabe es que lo magiar le seduce por lo cristalino, por el tono malva, aunque tampoco sepa cuál es el secreto vínculo por el que relaciona así. Y una vez decidido Genghis Khan piensa que la información ha debido ser anterior, porque Genghis es terroso, tiene algo del amarillo, del macilento de esas páginas ya tan viejas. No recuerda, no cree recordar apenas nada de ese libro, de aquellos libros. A lo sumo una leve imagen de campos abiertos, de hordas y de polvo, sobre todo de polvo. También una leve sensación de nobleza.
Le extraña que a pesar de todo no se le aparezca el rojo.
Más tarde, quizá a causa del mismo color, escoge Estambul. Quiero decir que imagina Estambul como una ciudad malva, no tanto cristalina pero sí malva. No sabe si Estambul se relaciona con lo magiar, no sabe qué momento lleva a alguien a una asociación tal.
Uno nunca recuerda el momento exacto en el que lo más importante sucede.
Y cuando llega a Estambul descubre que más que malva es una ciudad terrosa, no de campos abiertos, eso no, pero se ríe al comprobar que su guía sí tiene las páginas algo amarillentas y que, igual que los caminos tras las hordas del Khan, en Estambul siempre, en todos los lugares, hay polvo.
Y así, sin saber muy bien, descubre que ha ido desde lo magiar hasta Estambul pasando por Genghis Khan a causa posiblemente de un color inexistente, un malva que se inventa y con el que apenas tienen relación. Descubre que no sabe en qué momento asociamos aquello que no está pero con lo que vivimos.
Se pregunta por qué no has tenido cabida aquí.
Intenta asignarte un color.
Citados/1
Septiembre 21, 2008
” Siempre he opinado que el estilo es el resultado de una serie de talentos. Un solo talento, por grande que sea, no produce estilo. “
” Por diferentes razones, los dos creíamos que el estilo era indispensable para vivir con un poco de esperanza; y la elección era vivir esperanzado o desesperado. No había termino medio.
¿Estilo? Cierta levedad.”
John Berger. Aquí nos vemos.
Galway/08
Septiembre 21, 2008
Hay un lenguaje que es del cuerpo, aunque apenas se mueva.
Cerca de Galway hay cuatro pescadores a los que no se les oye hablar. Llevan chubasqueros amarillos. No se les ve bien, pero parecen tres hombres y una mujer. Los cuatro están de pie, los pies en el agua pero cerca de la orilla. Las espaldas se encorvan un poco hacia un centro en el que apenas se distingue qué lo ocupa. Se les ve trabajar pero apenas si se mueven, como con una actividad segura y contenida. Cada cierto tiempo uno de ellos coge una caja y la lleva hasta un camión. Luego vuelve con los otros. Al fondo hay una nave industrial en la que suena un motor; es lo único que se escucha: un ruido continuo e inalterable. Cuando el encargado de llevar las cajas llega al camión intento fijarme en su cara. Apenas si lo consigo, pero me doy cuenta de que no es necesario. Su cara es también el movimiento de los cuerpos en los chubasqueros amarillos que deja atrás. Es la serenidad de quien no necesita estar en ninguna otra parte. La pertenencia. La naturaleza que reconoce los cuerpos. Y los acepta.
(Cuando me dijiste, tú siempre tan lista, que querrías poder dedicarte a un trabajo manual no te creí, pero lo admiré. El discernimiento, la aceptación.)
Alrededor de los pescadores sobrevuela un grupo de gaviotas. Cada vez más grande. Al descender y tocar el agua abren las alas, enormemente. Luego las cierran despacio y quedan como imperturbables, con la serenidad aparente de los pescadores. Algunas se van acercando a ellos. La atracción de un lenguaje común.
Pero también, y seguramente, el olor del pescado.
Íñigo me dice que en Marruecos algunos pescadores se alejaban de la costa en barcas y tiraban al agua las redes. Luego, ya en la playa, las recogían con unas sogas enormes, a mano. (Íñigo tiene más silencios de los que puedan parecer). Tardaban más de una hora, pero, como a los pescadores de Galway, ese tiempo no parecía importarles. Trato de imaginarme su serenidad. También me dice que cuando las redes llegaban a la playa contenían una pesca enorme, que él vio el proceso completo, pero que mucha gente sólo llegaba al final, “para ver qué podían conseguir”. Las gaviotas, pero no el lenguaje, sólo el olor.
(Carpintera, me dijiste que querrías ser.)
Por la noche, de vuelta a Galway, el movimiento de la ciudad parecía tener otro sentido. Más central. El cuerpo había recordado lo que era suyo y devolvía su gratitud.
Creo que, cerca de los pescadores, no vi a ninguna gaviota comer.