Fin de semana

Agosto 27, 2008

Fin de semana/1

Yo pensaba que aquel pueblo estaba diseñado para los turistas. En medio del Pirineo, desde allí era fácil acceder a las pistas de esquí (yo nunca he esquiado, pero me aseguraron que esas pistas eran realmente buenas). Todas las casas parecían refugios, y casi todas tenían terrazas. Además, en la calle principal se veían tiendas de souvenirs; así que yo pensaba que aquel pueblo estaba diseñado para los turistas.

Woody Allen dijo de Oviedo que parecía sacada de un cuento de hadas. Luego un amigo me dijo que en esa ciudad parecía no concebirse el mal (también que era eso lo que no le gustaba). Y yo siempre pensé que el mal se escondía pero no aparecía en los lugares para turistas.

Fui a aquel pueblo a visitar a un amigo. Él no es de allí, pero trabaja construyendo carreteras, y esta vez le había tocado esa zona. Allí me enteré de que un alud se provoca por un simple desplazamiento en la superficie. También que un alud es capaz de tumbar y arrancar árboles enormes, aparentemente indestructibles (con esas raíces).

En uno de esos montes un alud mató a un esquiador del pueblo. Me lo contó este amigo, y yo recordé haberlo oído en las noticias. Nadie se explica cómo ocurrió. El chaval era un esquiador experto, pero se salió de la pista, cortó en perpendicular: desplazó la superficie. Lo que no recordaba era que el hermano estaba con él, que lo vio hundirse. Tampoco que intentó cavar con sus propias manos pero equivocó el lugar.

Me dijeron también que la mujer estuvo un año entero saliendo a la terraza de su casa y que allí se pasaba los días. Que la terraza daba a ese mismo monte. Que no cambió de casa.

Por lo demás yo pasé allí un gran fin de semana. Hicimos excursiones, barbacoas, conocimos los bares de alrededor.

Fue al irnos cuando me dijeron que el chico que nos atendió en la gasolinera era el hermano del esquiador.

Yo pensaba que el mal no aparecía en los lugares para turistas.

 

Fin de semana/2

Yo pensaba que aquel pueblo

estaba diseñado para los turistas.

En medio del Pirineo,

desde allí era fácil acceder a las pistas

de esquí

(yo nunca he esquiado, pero

me aseguraron que esas pistas eran

realmente buenas).

Todas las casas parecían

refugios,

y casi todas tenían terrazas.

Además,

en la calle principal

se veían tiendas de souvenirs;

así que yo pensaba que

aquel pueblo

estaba diseñado para los turistas.

 

Woody Allen dijo

de Oviedo

que parecía sacada de un cuento de hadas.

Luego un amigo me dijo

que en esa ciudad parecía no concebirse

el mal

(también que era eso

lo que no le gustaba).

Y yo siempre pensé que el mal se escondía

pero

no aparecía en los lugares

para turistas.

 

Fui a aquel pueblo a visitar a un amigo.

Él no es de allí,

pero trabaja construyendo

carreteras,

y esta vez le había tocado esa zona.

Allí me enteré

de que un alud

se provoca por un simple desplazamiento

en la superficie.

También que un alud es capaz de tumbar

y arrancar

árboles enormes,

aparentemente indestructibles

(con esas raíces).

 

En uno de esos montes un alud mató a un esquiador

del pueblo.

Me lo contó este amigo,

y yo recordé haberlo oído

en las noticias.

 

Nadie se explica cómo ocurrió.

 

El chaval era un esquiador experto,

pero se salió de la pista,

cortó en perpendicular:

desplazó la superficie.

Lo que no recordaba era

que el hermano estaba con él,

que lo vio hundirse.

Tampoco

que intentó cavar

con sus propias manos

pero equivocó el lugar.

 

Me dijeron también que

la mujer estuvo un año entero

saliendo a la terraza

de su casa

y que allí se pasaba los días.

Que la terraza daba

a ese mismo monte.

Que no cambió de casa.

 

Por lo demás

yo pasé allí

un gran fin de semana.

Hicimos excursiones,

barbacoas,

conocimos los bares

de alrededor.

 

Fue al irnos cuando me dijeron

que el chico que nos atendió

en la gasolinera

era el hermano

del esquiador.

 

Yo pensaba que el mal

no aparecía en los lugares para turistas.

Olímpico/1

Agosto 10, 2008

Facto Delafé y Las Flores Azules
(qué gran nombre para un grupo)
en el disco Facto Delafé y Las Flores Azules vs. El Monstruo de las Ramblas:

“Puedes correr
Puedes esconderte
Puedes simular ser independiente (…)

Recordarás
Analizarás
Aprenderás de todos los errores
Los dolores de cabeza serán continuos
El tour de Francia nunca fue para los críos
Estás ante una etapa de primera categoría
Del 12% cuesta arriba
A los lados de la carretera tus amigos
Gritando tu nombre enloquecidos
Las gotas de sudor nieblan tus ojos
A menos de 1 km se encuentra la cima (…)”

20000caligrafías desde su casa, hace ya tiempo (copiando estructuras sin cesar):

“Y esos corredores a los que les suda la bicicleta en plena carrera”. Y yo que siempre me acuerdo de esta frase cada vez que los ponen en la televisión. Da igual si están llaneando, bajando, subiendo
-el Tourmalet, el Galibier
en cuanto aparecen yo pienso en esa frase y entonces quiero que me enseñen la cola del grupo, quiero verlos retorcerse
no sudar la bicicleta, es curioso
quiero verles retorcerse o claudicar, que me pongan una ventanita para poder ver a los de atrás allá lejos retorcerse o claudicar; y yo aquí darte la mano; por una vez verlos a ellos retorcerse allá atrás tan lejos y yo aquí con tu mano así, tan quieta, tan cerca.

PD: Samuel Sánchez ha conseguido el primer oro español. En ciclismo, claro. 

Si es del 12%, que se retuerzan.

Me acuerdo de los recreos.

Me acuerdo de aquel bar. Me dijiste: te tiene que gustar.

Me acuerdo de cuánto esperaba las olimpiadas del 92.

Me acuerdo de una camiseta blanca y tú que me decías: mira, mira cómo late.

Me acuerdo de la Nochevieja del 90. Yo con mi chándal favorito forzando una trascendencia por la década que se iba.

Me acuerdo de que nadie moría en los tebeos. Recuerdo la estafa que sentía, la tensión añadida.

Me acuerdo de Carl Lewis corriendo con las manos abiertas, rígidas. Me acuerdo que prefería a Ben Johnson. Porque salía mejor. Porque en eso era el mejor. Me acuerdo que corría con los puños cerrados.

Me acuerdo de cantar a oscuras.

Me acuerdo de esa vez en que mi madre me pegó y yo la miraba con cara de no entender. Recuerdo todas las veces que me lo ha recordado.

Me acuerdo de la memoria y del hipocampo.

Me acuerdo de cuando me enteré de que Valle-Inclán, a veces, apaleaba perros.

Me acuerdo de un camino en Oporto y de unos perros.

Me acuerdo de lo rápido que pasaron las olimpiadas del 92.

Me acuerdo del verano en que leí Conversación en la Catedral. Me acuerdo de pensar que Vargas Llosa, como Leonardo, no eran una sola persona.

Me acuerdo de haber visto aquel libro de Pérec que se llama “Me acuerdo”.

Me acuerdo de que prefería que no te arreglaras.

Me acuerdo de marearme.

Me acuerdo de los recreos, pero no del sudor. 

 

                                   ***

   

A la mañana siguiente te pusiste ese vestido blanco con tantos lunares negros. Dijiste:

- Es mi vestido de casa. Lo pongo siempre.

Me preguntaste si me gustaba y yo te dije que no estaba mal pensando que realmente no estaba nada mal. Que me gustaría pensarte con ese vestido al llegar a casa.

- No está mal, dije.

- Ya (sonriendo, segura).

Al poco encendimos el televisor. Ponían un documental de atletismo. Pensé que seguramente lo vería de estar solo, pero también que no sabía si a ti te gustaría, si sería lo más conveniente. Te pregunté si te gustaba, te dije:

- ¿Quieres que veamos esto?

Y tú sí, claro, me encanta el atletismo. Yo pensé que después de todo podría no ser tan difícil, que podría ser que no costara tanto.

El documental era sobre Carl Lewis y Ben Johnson, un repaso de sus duelos. Yo pensaba en lo curioso que me resultaba siempre cómo corría Lewis, con las manos rígidas, las palmas abiertas. Tenso pero estilizado.

Le digo que me encantaba ver a esos dos tipos.

Pienso también en que Carl Lewis ganó cuatro oros en Los Ángeles, que corría los cien pero también los doscientos, el relevo, la longitud. Me acuerdo de que Ben Johnson sólo hacía los cien. Voy pensando todo esto mientras ella:

- Dime qué piensas. A quién preferías.

Y yo veo que realmente quiere saberlo. Que sabe quiénes son y que quiere saberlo. Y a la vez que lo pienso le digo que prefería a Ben Johnson. Porque salía mejor. Le digo que no entiendo por qué pero que lo prefiero porque salía mejor.

- ¿Porque era especial?, me pregunta.

Y yo le digo que puede que sí pero que no lo sé, que la salida se trabaja pero yo siempre he elegido el talento. Que igual era porque sólo corría los cien, vaya uno a saber.

Luego ella me dice que me fije, que Johnson corre con los puños apretados. Muy fuerte.

Y yo pienso que debería elegir a Lewis, que prefiero el talento al esfuerzo, que está también la longitud, que no quiero esos puños tan apretados, tan concentrados.

Ella me dice:

- ¿Ben Johnson se dopaba, no es verdad?

Y yo le digo que sí pensando que eso hace que me cueste aún más explicarlo, que me asusta pero que me gusta elegir por una vez sólo porque sí.

Se levanta a la cocina. Está preparando lasaña. Vuelvo a pensar en el vestido.

Aprieto los puños. Creo que voy a perder. 

Ciencia en palabras/2

Agosto 1, 2008

Ciencia y jazz y sentimientos (Postdata)

PD1: El Perseguidor es un relato de Cortázar basado en la vida de Charlie Parker, el maestro de Miles Davis. Hay un momento, creo recordar que en medio de una actuación, en que dice, desesperado: “Esto lo estoy tocando ayer”. Sirva de confirmación a falta de neuroimagen.

PD2: En la misma charla hablaron también de la relación entre la ciencia y otras artes, como la pintura. Al final una chica dijo que a ella le parecía que esa relación no era del todo equivalente, que la ciencia era muy restrictiva, que el arte era mucho más libre. Hubo un silencio. El propósito de la reunión podía venirse abajo. Mientras yo intuía pero no acertaba con la respuesta uno de los conferenciantes sonrió, se acercó el micro y dijo:

“Pero es que el arte tampoco es libre”